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DELTOYA LLEGA A SU FIN

 

CHAU, CHAU, ADIÓS

 

Por Nelson Barceló

 

 

Convengamos que luego de evocar aquella monótona canción-despedida de Feliz Domingo, lo mejor que uno puede hacer es retirarse, rezar quince padrenuestros y darse setenta latigazos en el lomo para resarcirse ante el público y la moral judeocristiana. Eso sería pertinente, más tomando en cuenta que nuestra Redacción está parcialmente integrada por fanáticos que dicen ser católicoapostólicoromano (así, de corrido y sin respirar), además de un testigo de Jehová quien prefirió no ser identificado y permanece bajo una máscara de Popeye dado lo crítico del caso. Este individuo llegó a nuestra Redacción con el pretexto de “querer trabajar” y aseguró “ser joven e ir a más” pero jamás pudo superar la pérdida de su viejo compañero de caminatas. Pero bueno así nos movimos durante años, entre católicoapostólicoromanos, testigos no identificados de Jehová, agnósticos, satanistas y fanas del Omar Freire. Es que DELTOYA fue así, tolerante e integradora.

En este mundo todo se sabe y por eso preferimos decir nuestra verdad, sin mayúsculas –porque el teclado así lo impide- sobre este desenlace sepia. Espero que estén preparados para lo que voy a decirles: DELTOYA termina hoy porque sí, no sentimos que sea nuestro peor momento, de hecho creo que hemos demostrado que siempre se puede estar peor. Es así, y preferimos decírselo nosotros antes que se enteren por boca de otros malvivientes; no porque temamos “el qué dirán” sino de chusmas que somos nomás. Solo se trata de eso, aunque reconocemos el cimbronazo que resultó para todos la partida de Luciano Pavarotti, solo asemejable a la pérdida de Walter Olmos

Por ser el último número tampoco vamos a relegar el periodismo denuncia que nos caracterizó, estamos indignados por la actitud de estos judas que trabajan en el Mercado de los Artesanos y ahora se hacen los desentendidos, háganse los nunca vistos nomás. ¿De qué estoy hablando? Justo en medio de la revolución fumeta estos mercenarios de la maderita y el incienso descartaron del recinto cualquier artículo destinado a los consumidores del humo dulce, ni siquiera pipas. Pensar que muchos veían en ese Mercado la meca donde festejar, y otros tantos orientaban hacia allí sus ojos rojos cuando se colgaban pensando en esa idea loca de combatir por la legalización, revolución que desechaban de inmediato para ir a por unos alfajores.

Hoy en nuestra Redacción reina la desolación, nos miramos a la cara y decimos: ¿Y ahora qué? ¿Un programa de cable? Y nos respondemos como idiotas: “No, no nos gustan los potus”. ¿Y Televisión Nacional? “No, no nos gustan las cortinas negras como escenografía”. Tampoco podemos mentirles y seguir en Internet haciendo lo mismo pero bajo otro nombre, “vamos” (como dice el periodista de la moto acuática), eso solo sería posible en la televisión. Pero bueno, no estamos allí ni pertenecemos a ese “palo” como dice la muchachada joven, además tampoco somos de esos a los que se les subió el Don Perignon a la cabeza como para andar con ideas trasnochadas. 

Hoy termina esto que surgió una noche en la cual no nos destaparon la gaseosa en la mesa. A su vez creo que nos vamos a tiempo, justo antes de tener que poner a Max Capote en el Se Busca. Sabemos que esto va a dolernos, Deltoya fue tan importante en nuestras vidas como el Winamp para Urbana FM, pero bueno, ya pasará –decimos mientras soplamos el alcohol desparramado sobre nuestra conciencia. Igual, quédense tranquilos, no está todo perdido... aún queda Sábado Show.

Espero que alguna vez podamos reencontrarnos como siempre, corriendo desaforados por los pastizales como beatles en blanco y negro. Hasta entonces los dejamos con la última DELTOYA, final, fatal.

 

 

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