LEER COLUMNA

 

RECOMENDAR

 

 

 

 

 

 

 

VER PROGRAMACIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RAÚL PERRONE

En Ituzaingó con el cineasta argentino

 

"Yo soy mis películas"

 

Por Nelson Barceló

Fotos:  Lorena Bello

 

Nada es tan difícil como seguir la carrera del cineasta Raúl Perrone quien a razón de una película por año edificó una carrera signada por la independencia, lo marginal y la heterogeneidad. Su obra está provista por momentos cotidianos, gestos espontáneos y personajes que no saben hablar de corrido junto a otros que si lo hacen te venden un buzón. Si bien no remite estrictamente a la crónica social, despliega con agudeza su estilo realista. Filma los fines de semana en Ituzaingó, con su gente, graba en video y en el mejor de los casos la amplía a 35 mm. El formato empleado para filmar le posibilita disponer de presupuestos menores y  garantiza cierta intimidad. Legado de Godard, quien prefería filmar en video debido a que le parecía un medio menos reglamentado y listo para cualquier clase de experimentación.  

 

En su afán por retratar reacciones espontáneas suele ocultar información a los actores o imprimir cambios sobre la marcha que los descolocan. Para el cine de Perrone no es imprescindible tener guión sino construir una puesta en escena apropiada para el desarrollo de los personajes. Fiel reflejo de eso es la trilogía de Ituzaingó conformada por Labios de churrasco (1994), Graciadió (1997), y 5 pal’ peso (1998). Dicha saga acaba de editarse en dvd con extras, fotos del rodaje, testimonios de los actores y opiniones de periodistas. Esa trilogía narra la vida de un grupo de jóvenes que vive en Ituzaingó y pasan el tiempo tomando cerveza en esquinas, vendiendo televisores robados o viendo Los Simpsons con un aura desangelada que hace difícil no enamorarse de ellos. Su obra suele hablar del paso del tiempo en personas desprotegidas, y dentro de un país que les resulta ajeno. Con los años sus películas parecen adquirir un tono más oscuro y la melancolía se vuelve moneda corriente. Aún así suele mantener el azul del inmenso cielo abierto de Ituzaingó en su pantalla, aunque ya no quede tanto lugar para respirar en él porque a sus personajes el futuro les llegó, hace rato.

 

EL CINE ES MAGIA

 

Esta historia como todas las que aborda Raúl Perrone comienza a contarse en Ituzaingó, barrio ubicado a cuarenta minutos de tren desde el centro de Buenos Aires. Aún así la invitación del cineasta a visitar el singular escenario donde transcurren sus películas -durante un taller de cine- sonaba tentador y se tornaba simbólico al ocurrir un sábado de tarde, día que suele emplear para comenzar el rodaje de sus películas. Una vez en Ituzaingó y a tres cuadras de la estación de tren damos con el Taller Municipal de Dirección de Cine a metros de la nefasta Mansión Seré donde torturaban presos políticos durante la pasada dictadura militar argentina. Cuando entramos al salón los estudiantes del taller están a punto de exhibir los cortometrajes que registraron esa tarde tras dividirse en dos grupos. Perrone se muestra como un profesor exigente y sus comentarios no están exentos de chicanas. En ese marco aconseja a uno de ellos estudiar con Eliseo Subiela tras ver su corto plagado por nubes y personajes con gorros de cartón. Dicha escenografía y vestuario le disparan a Perrone el siguiente comentario: “Vos lo que tenés que aprender a resolver es que estos lugares que tenemos acá se modifican, éste paredón fue una estación de subte, el cine es magia y cuando vos entiendas que lo que pasa en el cine sucede a través de un cuadradito, entonces empezamos a hablar”.  

 

 

Apenas terminada la clase nos dirigimos al bar donde realizaremos la entrevista. Rumbo allí cada lugar nos da una sensación de deja vu que remite a escenas de sus películas, hasta el bar donde sucederá la entrevista apareja la duda de en qué película fue filmado. Aún así nada parece tan Perrone como la estación de trenes donde cierra la secuela de Graciadió: 8 años después. En entrevista con Deltoya comienza contando el último intento realizado por Cinemateca por traerlo en medio del festival del 2006 donde se realizó una monográfica sobre su obra.

 

- Me llamó Manuel Martínez Carril de Cinemateca hace un par de años para realizar unos cursos pero no me gusta viajar, solamente lo hago en auto. Me hubiese gustado ir, de hecho estuve en Montevideo cuando ganó Ángeles en 1992 y al año siguiente también fui. Estuve recorriendo con una cámara la feria de Tristán Narvaja, también Barrio Sur, el cementerio. Barrios con cierta estética decadente, como también la tiene Ituzaingó. Ese material quedó sin terminar porque después filmé mi fobia en Buquebús y juré no volver a viajar en él.

 

- ¿Hay alguna esperanza de que venzas tu fobia a Buquebús y te veamos por Montevideo?

 

- Siento que tengo una cuenta pendiente con Montevideo, poder dar una charla, juntarme con muchos pibes que se que me quieren ver y hacer una gran retrospectiva de mis películas. Incluso con trabajos que no se han visto mucho acá. En realidad tendría que ser una introspectiva, son películas muy íntimas, personales.

 

- ¿Tenés una dimensión de la respuesta que tienen tus películas en Montevideo?

 

- Bueno, Ángeles fue el comienzo de todo para mí, y justamente esa película concursó en un festival que se hacía en Montevideo, ganó y después me empezaron a pasar cosas buenas. Antes hacía cortos, cosas sin mucho diálogo y con Ángeles encontré una voz. En esa película hablé de tipos patéticos de 40 años que iban a levantarse minas en invierno a San Bernardo y al final terminan encontrándose ellos mismos como amigos, hago allí una apología de la amistad. Aún así no logro dimensionar esa repercusión, sé que varios directores uruguayos me mencionan como referente pero no tengo una noción clara. Quizás eso no sea tan malo porque si me detuviera en ello correría el riesgo de perder la esencia de lo que hago que es hacer películas. Pero está claro que me llena de satisfacción, tiempo atrás Pablo Ferré* fue entrevistado para un documental que hicieron sobre mí y dijo: “Al ‘Perro’ hace años que no lo veo pero cuando quiero dialogar con él veo sus películas”. Me pareció algo muy lindo, es que yo soy mis películas. Cuando terminé mi trilogía y presenté La mecha en el Bafici venían a decirme “cuándo volvés con los pibes” y yo decía que ese viejo de la película era el abuelo de los pibes o esos mismos pibes cuando sean viejos. Es decir, cuento lo que tengo ganas y cuando tengo ganas. Sin darme cuenta fui haciendo trilogías, como Tarde de primavera, Tarde de verano y Canadá, la cual quiero estrenar ahora, al igual que La navidad de Ofelia y Galván. Seguramente a fines de mayo voy a filmar la película de skaters Bonus Track, sobre pendejos de 16 o 17 años. Eso coincide con la edición del dvd de la trilogía, yo fui el poeta de esos tipos en los 90s y ahora quiero darles voz a unos pibes del 2000.

 

- ¿Viste 25 Watts?

 

- Sí, al comienzo me molestó un poco, era como ver un hermano mellizo. Después me gustaron los chicos, el respeto y admiración con que me trataron. Al principio fue raro porque estás viendo algo muy parecido, los tres pibes en el cordón de la vereda, la abuela, las maquinitas.

 

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE ITUZAINGÓ

 

- ¿En algún momento te saturó que te asocien con el cine de jóvenes?

 

- Entre Labios de churrasco y Graciadió pasaron tres años porque estaba cansado que me hablaran de Labios. Venían pibes a la puerta de mi casa a tomar cerveza, creo que encontraron su voz en el cine y eso fue muy fuerte. Graciadió se daba en el cine Lorca los viernes a la 1 de la mañana e iban 400 pibes a verla. En ese tiempo hice Jimidín, una serie llamada No seas cruel, para la cual me encerré en un estudio y comencé a trabajar con cromas cuando nadie lo hacía.

 

- ¿De qué modo trabajás con los actores?

 

- Lo mío es una improvisación muy pensada, quien crea que improviso es un estúpido. Soy como un hipnotizador que logra llevar a los actores al terreno que desea. La improvisación es uno de los métodos más difíciles, todo está sumamente pensado. ¿Cuánta gente puede sostener un diálogo de 25 minutos en una película? Para mí la esencia del cine está ahí, en improvisar y creerme lo que hago. Busco que no se pueda distinguir entre el documental y la ficción. Lo que está en la trilogía de Ituzaingó (Labios, Graciadió y Cinco) es todo lo que me pasó a mí y algunas cosas llevadas a los 90s. Siento que todos hicimos lo mismo, ¿quién no tuvo una mina? ¿De qué hablamos cuando nos juntamos?

 

- Es curioso que ese costumbrismo no fuera abarcado por otros cineastas durante los noventas.

 

- Antes usaba una frase que ya dejé de usar, y era que quizás por demasiado rápido llegué tarde, me adelanté y la gente no estaba preparada para eso. A mí me decían que hacía un videofilm y ahora todos filman en digital. No lo hacía por marketing, es que no tenía otra manera de filmar. También creo que me pasó algo similar con los diálogos. En una escuela de cine me pidieron pasar Labios de churrasco y vino uno de los pibes a decirme que si no hubiera leído “Ituzaingó 1994” hubiera creído que está inspirado en Tarantino. Estamos todo el tiempo buscando las comparaciones, entonces si no lo hubiese hecho en 1994 era una copia a Tarantino, me salvó la fecha. Siempre hice lo que quise. No es que hago cine independiente por un tema de plata, yo lo elegí, ¿qué es la independencia? No es un problema de plata, Spielberg es independiente porque hace lo que quiere. Yo no tengo la guita de Spielberg pero hago lo que quiero, la independencia pasa por la cabeza.

   

- El rodar en Ituzaingó también es un quiebre con el cine argentino que suele escoger otras locaciones. De hecho recorrer Ituzaingó después de ver tus películas nos generó varios deja vu. Es inevitable recordar aquellas escenas.

 

- Qué bueno eso, uno tiene determinada iconografía y también reconozco que soy muy cómodo. Pero más allá de eso. siempre me resultó curioso que para el cine o la tele el barrio fuera adoquín, barrios como San Telmo o Palermo.

 

- ¿Cómo llegaste en los primeros tiempos a trabajar con actores que tenían cierto recorrido pero de otro tipo como Fabián Vena?

 

- A Fabián le gustó Ángeles y mientras estaba haciendo una obra de teatro le conté que tenía ganas de hacer un corto que se transformó en un largo (Labios). Después los actores empezaron a pedir laburar conmigo y eso hizo todo más simple. Sentí mucho miedo con esa película porque los tiempos cinematográficos no eran usuales. Pensaba que los pibes iban a reventar el cine cuando encontrasen dos chicas hablando de nada en una pileta, sin embargo estallaron en aplausos. El mayor elogio que recibía era “yo soy como estos pibes” o “me creí lo que vi”.

 

- En tus películas aparecen músicos de rock, ¿ cómo te conectás con ellos?

 

- No soy de ir a recitales pero me gusta mucho el cine europeo y escucho a tipos como Tom Waits y Lou Reed. Entonces pensaba que cuando ellos cantan están actuando. Me interesa la virginidad de esos tipos, los músicos de rock son más creíbles al momento de actuar, incluso Suar después los llevó a sus ficciones como actores. También incluyo como banda de sonido a grupos de rock como Los Caballeros de la Quema que compusieron canciones especialmente para mis películas, nunca usamos temas de sus discos.

 

 

LA VEREDA DE ATRÁS

 

- ¿Cómo definirías el clima que existe durante tus rodajes?

 

- Mis rodajes son tormentosos cuando hay algo que me saca, como por ejemplo que me mientan. En ese caso puedo llegar a irme del rodaje como sucedió durante 5 pal peso. Lo más difícil es captar la realidad en tal estado de locura, pero mi grupo de trabajo está al servicio del concepto.

 

- ¿Cómo manejás en esas circunstancias la ansiedad del actor?

 

- Lo primero que tengo que hacer es controlar la mía, porque el tipo que viene a laburar conmigo sabe quien soy y por lo tanto no tiene ansiedad aunque precisa saber mínimamente qué hará. Que el tipo no esté estructurado es lo mejor que puede pasar y eso es lo mágico del cine. A veces se hace difícil y termino diciendo que mi próxima película será con dibujos animados para no trabajar más con actores. Pero eso genera una adrenalina maravillosa, por ejemplo los protagonistas de 8 años después no sabían que iban a terminar haciendo la película. Fue un laburo de estrategia que implicó tener escondido a Gustavo (Prone) en una habitación para que Violeta (Naón) no lo vea, creo en eso. Además se hizo muy difícil engancharlo a Gustavo y eso me gustó. La película comienza con una exhibición de Graciadió para ponerla en estado de situación a Violeta, ella creía que las preguntas que le hacían los alumnos eran de verdad. El encuentro entre ellos también es real y eso me exigía llegar justo con la cámara para captar el momento. Y cuando Violeta le reprocha no haber estado allí a Gustavo, también lo hace en serio porque le dio bronca que no estuviera, pero yo lo tenía escondido. Todo se filmó bajo un clima muy especial, incluso cuando grabamos la escena del bar terminé llorando con los pibes porque fue una situación desgarradora.

 

- ¿Qué sentiste ante el auge de la televisión marginal?

 

- Lo veía y no dejaba de sentir que todo es muy similar, incluso un noticiero de televisión es lo más parecido a mis películas. Entran a la villa para grabar pibes que toman paco, le ponen música de fondo y montan una ficción. Es lo más bizarro que vi en mi vida, es la realidad ficcionada. Eso es cine, hay toda una puesta, le pagan a pibes para que lloren, una truchada. De todas formas mis personajes no son así, ni siquiera se parecen tanto a los de Pizza, birra y faso. Los míos son mas ángeles, ingenuos, no son violentos, a lo sumo tocan timbre y salen corriendo.  

 

 

- Recientemente contabas en una entrevista a Clarín que harías un festival de cine sin películas de 35 mm ni guiones, ¿podrías ampliar sobre lo referente a los guiones?

 

- Para mí los guiones ortodoxos deberían editarse como libros, y si se editan como libros, ¿para qué filmarlos? A mí me gusta escribir con la cámara, sé como empiezan mis películas pero nunca supe como terminarían y si lo supiera no las haría porque me aburriría.

 

- ¿Esos conceptos los transmitís en el taller de cine?

 

- Durante el taller me interesa que las personas entiendan lo que vienen a hacer y lo hagan. Hay gente que se pasa seis años detrás de un subsidio, a esa gente le digo: agarrá la cámara y andá a hacer una película. De todos los que están acá deben haber por lo menos diez con cámara, yo no tengo ninguna, si no me volvería loco, estaría filmando todo el día. Si vos esperás que te den plata las distintas fundaciones, dedicate a la economía y no hagas películas. Siempre estuve en la otra vereda.

 

- ¿Qué expectativa tenés con el dvd de la trilogía?

 

- La mayoría de los mails que recibo me preguntan cómo hacer para ver esas películas y con ésta edición se terminan las preguntas. Hay extras interesantes como ser la cola que hubo en el cine el día del estreno de Graciadió. También hay un libro que cuenta las películas y lo más importante es que pueden verse correctamente. Ayer me llamó Gustavo porque había ido a buscar la caja y era como un sueño para el. Fijáte que para los pibes que trabajaban conmigo en el diario fue su momento de gloria, salieron en tapas de revistas, los invitaron a participar de cortos y tienen ahora un documento para mostrarle a sus hijos. Los pibes no son concientes pero ya forman parte de la historia del cine.

perro_04.jpg (17879 bytes)  

 

“Algunos puntos que tengo en cuenta a la hora de filmar”

DECÁLOGO DE RAÚL PERRONE

 

 

 

ÍNDICE