LEER COLUMNA

 

RECOMENDAR

 

 

 

 

 

 

 

VER PROGRAMACIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EMILIO CARTOY DÍAZ* 

Productor argentino de televisión

“La televisión es lo más democrático que hay”

 

Por Nelson Barceló

Fotos:  

 

Trabaja en la televisión argentina desde 1967 y pasó por todos los canales desempeñándose en distintas áreas. Asesoró al empresario Eduardo Eurnekián en el canal América cuando surgieron envíos renovadores como Caiga Quien Caiga (CQC), Cha Cha Cha y Las Patas de la Mentira –padre de los programas de archivo. Posteriormente fundó la primera escuela de televisión en Argentina (TEA) y mantuvo su respaldo a la innovación y el riesgo artístico desde su rol como gerente de producción del canal estatal durante el gobierno Aliancista con los programas de culto Okupas y Todo por 2 pesos. Más allá de asesorías y gerenciamientos, produjo formidables ciclos de Tato Bores y sostuvo el compromiso social de dicho envío mediante su faceta como documentalista con las realizaciones 20 años, 20 artistas, 20 poemas (en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo) e Historia de dos orillas centrada en el conflicto sobre las papeleras. Acerca de éste último plantea un singular desafío y habla de temas que están en la agenda como ser la no renovación de la concesión a Radio Caracas Televisión y la responsabilidad social de los medios de comunicación -sobre lo cual se explayó en los últimos días el Ministro de Cultura Luis Mardones.

 

- ¿Cómo explicás que un país como Argentina, que ha vivido tantos cambios, mantenga indemne una legislación sobre radiodifusión originada en la dictadura?

 

- Hay muchos intereses, en Argentina hay cuatro ondas de televisión libres, una que siempre rota de mano en mano que es Canal 2 (ahora América). Sin embargo se sabe difusamente quiénes son sus dueños, la ley de la que hablamos establece que no pueden venderse a extranjeros y aquí, excepto Canal 13, los otros canales están en manos de grupos económicos extranjeros. Nunca hubo una discusión profunda con los especialistas en medios, y cuando Menem privatizó los canales lo hizo sin plantear qué televisión debería pensarse a futuro. Chávez tiene derecho a no renovar la licencia del Radio Caracas Televisión (RCTV), y no solo por haber sido pro golpista. La SIP dice que vulnera un grupo tradicional, pero esos tipos están para hacer negocios con la obra pública, candidatos y empresas. Sirven para formar opinión pública y hacer negocios políticos, además de comerciar con supermercados, discográficas, cines. Las frecuencias son escasas y la gente que maneja un canal debe tener las condiciones necesarias para hacerlo, no puede pasar solo por la plata. Estamos entregando la soberanía de la gente y dejándola bajo la dictadura mediática. Tienen que ser licitaciones con responsabilidad social porque son bienes que todos tenemos en común. Lo único que ven los directivos es costo, cuánto le sale y cuánto le marca de audiencia. Los canales deberían tener dos horas sobre 110 semanales con programas que salgan de la estructura de rating, costo y recaudación.  Debería ser reglamentado, no podés entregar un canal sin esa condición y los empresarios jamás van a hacer nada por ello. En la ley que existe tampoco se permite la concentración de medios que hay, y ahí surgen los testaferros.

 

- ¿Cuál debería ser el rol de los medios?

 

- Hay una ley de radiodifusión hecha por una dictadura que aún está ahí, la democracia le debe a la ciudadanía una ley de radiodifusión que se adapte a los principios democráticos y se aggiorne. Uno paga un abono a la televisión por cable para que no te interrumpan el programa o las películas, sin embargo le ponen tandas a todo. Además creo que los dueños de cada canal deberían estimular la experimentación, un pionero es aquel que respalda a los creativos, hasta como estrategia. Te ayudan a pararte en el ring, te esperan. Eso sucedió con CQC y Cha Cha Cha cuando empezaron en América y los respaldó Eurnekián. La televisión es lo más democrático que hay porque llega a todos lados, no tenés que trasladarte ni pagar un boleto, hasta algunos taxis tienen televisor. Aunque no sea democrático en sus contenidos, se excusan diciendo “si la gente lo pide nosotros se lo damos”. Si yo le doy y le doy creo un hábito, pero al hábito lo desbancás con una acción.

 

- ¿Confiás en las mediciones de IBOPE?

 

- No creo una mierda, como tampoco creo en los premios de APTRA (Martín Fierro) que es la entidad más manipulada de la historia de la televisión. Cuando salió el primer Martín Fierro de Oro debió ganarlo Tato Bores. Pero nunca se lo dieron aunque por rating y calidad se lo merecía, incluso le ganaba a Ritmo de la noche. Nosotros hacíamos el pasaporte de Al Kassar, el “Narcomóvil” que era una nariz de tergopol con ruedas, musicales con Charly o Spinetta, brindábamos con Mercedes Sosa, Bioy Casares, Mastroianni. Levantaba el nivel de su audiencia, laburaba 6 meses al año para proteger esa calidad, no tenía nada robado ni hacía operaciones políticas. La política está llena de cosas similares, fijate la visita de De la Rúa al programa de Tinelli. No es que Tinelli lo volteó sino que jamás debió estar en ese lugar. La publicidad es engañosa, “dicen que soy aburrido” lo había inventado Ramiro Agulla, que ahora lo ven como un capo de la publicidad. Vender productos pelotudos para la gente es terrible, pero vender candidatos inexistentes es aún más grave. Después De la Rúa no podía sostener su discurso y veía operaciones en todas partes.

 

- ¿Fue creciendo el volumen de operaciones mediáticas realizadas por los medios?

 

- En realidad nosotros podemos ver en televisión pequeñas operaciones, las grandes son acuerdos mucho más grandes, de no agresión.  Pautas, convenios que no están escritos, a todo o nada, hay directivos que juegan a dos bandas. Ni hablar de la supuesta neutralidad de los medios que dan más espacio a determinados periodistas que muchas veces les convienen para favorecer sus intereses. Es claro que a los canales les sirve más tener un gobierno que otro, una economía que otra para desarrollarse como grupo económico. Los que hacen mayor lobby y operaciones son los que no aparecen en escena. Los grandes empresarios no aparecen en los medios, para eso tienen a los asesores, las mesas de negocios, los encuentros en Nueva York.

 

- En ese sentido, el empresario y periodista Daniel Hadad subió un escalón al no trabajar delante de cámaras.

 

- Hace rato que trepó ese escalón, pero casi lo pierde su exposición, su impronta. Después entendió que la mejor forma de preservarse era no salir en cámaras. Cuando compró el helicóptero donde entrevistó a Maradona, o manejó la moto y el country estuvo a punto de perderse. Me hace acordar a los patrones de estancia del siglo XIX, lo más peligroso es el empresario que no ves y ni sabés qué piensa, o lo suponés pero no blanquea. Son tipos que hacen negocio todo el día, apuestan a la economía, juegan con empresarios, iglesia, militares. Compran políticos, dirigentes o ex funcionarios públicos a quienes les pagan un sueldo para tenerlos como asesores. Así consiguen influencias, la agenda del tipo, la llegada que tiene. Los grandes cretinos son invisibles al grueso de la sociedad. Cuando ves que alguno aparece en un medio y da una nota es porque algo pasa, ahí tenés que preguntarte.

 

 

“Sin ideas no hay nada”

 

- ¿Qué cosas del negocio de la televisión les advertís a tus alumnos de TEA?

 

- Principalmente del robo de ideas que hoy se produce a nivel nacional e internacional. En los 80s iban a Miami y grababan clips en el hotel, después volvían a Argentina y se lo vendían a una agencia como invención propia. Ahora cualquiera puede grabar con la televisión satelital, tienen equipos en las productoras o canales que se llaman “Desarrollo de proyectos” y a veces trabajan así. Lo analizan y ven el costo, en algunos casos se dedican a robar, siguen una idea de un programa o una sección y a veces tienen un respaldo económico mayor que les permite desarrollarlo antes que lo haga quien lo ideó. Vayas a donde vayas tenés que registrarlo, no solo el formato sino las secciones que generás, debés agregar las posibles aplicaciones. Ahora las cadenas internacionales te compran un formato de por vida y pueden usarlo para Internet, celulares, pantalla.  

 

 

- ¿Por qué formás TEA?

 

- Nosotros quisimos crear una escuela de televisión porque la gente de la televisión se formaba a los ponchazos, no tenía tiempo de aprender. Era muy caótico porque los canales no tienen un área de formación sino cursos para especializarte. Entonces monto una escuela con tres grandes ejes: la producción, la dirección y el guión. Queríamos cubrir ese aspecto, además había en la vuelta manuales de Globo, BBC de Londres pero nada venía de Argentina exceptuando algunas iniciativas particulares, actores que hacían cursos. Nuestra escuela prepara directamente para la televisión, sistematizamos nuestro conocimiento y diseñamos una carrera terciaria de tres años.

 

- En Uruguay la gran crítica que se hizo a Ciencias de la Comunicación fue la predominancia absoluta de lo teórico por sobre lo práctico. Con el surgimiento de las Universidades privadas se emparejó entre lo práctico y lo teórico. ¿Qué perfil tiene TEA?

 

- Primero que nada se da una base que tiene que ver con el periodismo, la práctica. Por eso se llama TEA: taller, escuela, agencia. Las universidades argentinas tienen un nivel teórico impresionante, pero algunas están superpobladas, otras desmanteladas y no tienen relación entre equipamiento y cantidad de alumnos, prestaciones. No quiere decir que nosotros prioricemos la práctica por encima de las ideas, sin ideas no hay nada. Esto que todo lo resuelvo en la isla de edición no existe aunque sea lo imperante, uno tiene que grabar bien, los encuadres son los encuadres, los guiones son los guiones. Por otra parte la ORT quiso hacer un convenio con TEA pero era muy complejo implementarlo.

 

- ¿Cómo ves actualmente a la televisión argentina?

 

- Por un lado se da todo el fenómeno que te describí sobre las escuelas que detona en que las productoras tomen personal con educación terciaria. Por otro lado hay una implosión enorme de programas que son el resumidero de toda la mierda que tiene ésta sociedad. Lo cual no se agota en los programas que van en horario central como Gran Hermano sino que al ser barato se repite durante el resto del día por otros canales. Las empresas que manejan la televisión también son responsables del país que se genera.

 

- ¿Cómo fue tu experiencia como gerente de producción de Canal 7?

 

- Tenía un plan de recuperar los sectores claves del canal, profesionalizarlo. No tomamos gente sino que nos adaptamos a la gente del canal, llamamos a concurso interno para cubrir la gerencia técnica, buscamos estimular que sea un canal que vaya despacio, probando cosas. A la gestión la tiraron a la leonera porque no había guita ni presupuesto artístico, se había aprobado que el canal debía autofinanciarse porque no se lo toma como un bien social. Le iban quitando el presupuesto a Canal 7 y Radio Nacional. Había falta de equipamiento, puestos que se superponían, gente capaz que estaba mal paga. El Estado paga mal, tenés todas las de perder porque vivís vigilado por los demás y atado a una serie de reglamentaciones, formularios y procedimientos.

 

- ¿Viste algo de televisión uruguaya?

 

- Sí, Zona Urbana, nunca vi algo tan manipulado, mentiroso, trucho. “Nosotros decimos la verdad” como si hubiese una sola, un solo punto de vista. Un tipo que dice en cámara yo soy limpio... La postura física del tipo lo delata, eso lo aprendí cuando hicimos Las patas de la mentira donde analizamos el acto fallido, doble discurso, manipulación, el tono de voz, frivolización, el lugar que le da a la opinión contraria. Ignacio Álvarez es un pichón de Neustadt, pero mal, malo. Los periodistas o la gente que trabaja en medios deberían entender que la carrera no se disocia de la vida. Todos quieren ganar plata y salvarse rápido. Me llama la atención que tantos medios uruguayos se hayan encolumnado detrás de Botnia y ni siquiera admitan la discusión. Quise estrenar Historia de las dos orillas pero no tuve respuesta ni siquiera de Cinemateca, donde fui jurado y presenté otros trabajos míos. ¿Qué pasó? Es una pelotudez pensar que la polémica surge porque no pusieron la papelera del lado argentino. No podían ponerla porque no da el calado, el canal pasa del lado uruguayo. Las experiencias que hay en Valdivia y Pontevedra son tremendas, se está permitiendo un Estado dentro de otro Estado, son saqueos como los que hay acá con la minería. Lo bueno de esto es que ha generado una discusión en la propia Argentina sobre su contaminación ambiental, además de tener repercusiones internacionales. Nunca me dejaron presentar el documental, incluso amigos uruguayos me decían que si lo hacía ellos no se animaban a entrar como sí lo hicieron cuando presenté documentales sobre Madres de Plaza de Mayo o los programas de Tato. Mandamos quinientas copias, le ofrecí al tarado de Zona Urbana* *proyectarlo y debatir. ¡Que debata sobre manipulación de medios, que me haga una operación a mí! “Yo digo la verdad, es el programa más innovador, me meto con el poder”. ¿Qué poder ni poder? Es un alcahuete del poder. El documental está vendido a España, Finlandia, Francia, ¿por qué no debatimos sobre contaminación, generación de empleo, inversión, consecuencias a corto y largo plazo? Yo llevo a dos uruguayos de primer nivel, y él que ponga a Juan Faroppa si quiere, eso es debate. ¿Hay pluralismo si le da la palabra de cierre a Faroppa y no debate? Desde el momento que a vos te doy cinco minutos y a él dos, ya no hay imparcialidad. Si a vos te pongo con cinco personas y al otro solo, tampoco. Si a uno le doy la apertura y al otro el cierre menos aún.

 

- ¿Viste algo más de televisión uruguaya?

 

- Sí, de hecho fui jurado del CONTA. Vez pasada me comentó Ruben Rada que está grabando una ficción y pienso que es un género que deben explotar. Los canales deberían fomentar la ficción, primero hay que tomarlo como una inversión pero a la larga tiene buenos resultados. Hay que desarrollar esos bienes culturales, la industria del entretenimiento mueve mucho dinero. Nuestros países son muy creativos por esa cosa sudamericana de tener que readaptarse, rebuscárselas todo el tiempo en una economía cambiante. Nos reinventamos todo el tiempo, el cambio es parte de nuestra piel. Si los canales uruguayos tienen convenios con el 13 y Telefe, ¿por qué no acordar una coproducción donde participen actores uruguayos, exteriores en Argentina o viceversa? Cuando fui jurado del CONTA ponderé una historia que concursaba, donde cruzaban ficción con periodístico y transcurría una parte arriba del bondi y otra en la terminal. Uruguay debería producir para fortalecer su imagen, los norteamericanos inventan Hollywood para meter su bandera en todas partes, y con ello sus comidas, música, artistas, productos. Así generaron aquello de “somos un país con gente feliz, democrática, tenemos la mejor tecnología, las mejores autopistas, edificios”, todo por un tema de marketing. Hay una nueva camada que está laburando, incluso con productoras de publicidad como Metrópolis, que trabajó para el rodaje de Vicio en Miami. Hay creatividad, guionistas, Walter Tournier hace la campaña de los 10 derechos del niño para Brasil y le podría hacer el arte a los canales, hasta tenés músicos para hacer cortinas de programas.

 

* Entrevista publicada en Brecha

* *  Ignacio Álvarez

 

 

ÍNDICE