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AUSCHWITZ*

Pascal Croci

Ampliación del campo de batalla

 

Por Carolina Bello

 

 

 

Supongo que Pascal Croci no se propuso crear un cuento de efecto. Cuando uno empieza a leer “Auschwitz” sabe desde el comienzo que no van a existir elementos que sorprendan desde el punto de vista de una narrativa que toma como telón de fondo un hecho real. Este hecho real es el holocausto judío perpetuado bajo el régimen de la Alemania nazi. La sorpresa corre entonces, por otro lado. No es la anécdota lo que importa, sino cómo hace el autor de este cómic para construir desde le punto de vista temático, una de las mejores novelas gráficas de los últimos tiempos.

 

El cómic surge por un interés personal que se le despierta al autor cuando tenía diez años de edad. Cuenta Croci en la entrevista que se adjunta al final de la historia, que por aquel entonces quedó impactado por las imágenes de un campo de concentración que vio en un documental llamado “La puerta del infierno”. Más adelante, en 1993, asistió a una exposición de dibujos sobre deportados realizada en París. Es en ese contexto donde conoce a su primera testigo, de otros varios que conocería después y le ayudarían a componer su historia.

 

Croci crea dos protagonistas ficticios (Cessia y Kazik) que son llevados a Auschwitz junto a su pequeña hija. Los tres son separados al ingresar al campo (que no era de concentración sino de exterminio).

Uno de los sucesos más dramáticos del relato ocurre cuando Kazik se entera de que su hija recibiría “tratamiento especial”, expresión utilizada por los nazis para referirse a la cámara de gas. Con tal de verla por última vez, Kazik se ofrece como voluntario para el Sonderkommando (grupo integrado por judíos encargados de retirar los cadáveres de las cámaras para luego incinerarlos). Se dice que nadie regresaba vivo de allí, ya que todos los del grupo constituían una fuerte amenaza para el régimen siendo potenciales  testigos del horror. Una vez dentro del Sonderkommando, Kazik encuentra a su hija con vida entre los cuerpos de cientos de personas. Si bien el autor cuenta este episodio a través de personajes ficticios, este hecho concreto es tomado de un incidente real. Un testigo contó a Croci que una muchacha de Transilvania había sobrevivido a la cámara de gas por haber quedado aplastada contra el piso húmedo. Como el Zyklon B no surtía sus fatales efectos en ambientes húmedos fue lo que le salvó la vida a la niña.

 

Los primeros en morir en la cámara  eran los niños, porque en la carrera desesperada por la supervivencia, y como el gas salía del piso, eran literalmente aplastados por los adultos que se esforzaban, inútilmente, por trepar hacia la altura alejándose del gas.  “...En este combate mortal, el padre ya no sabe si su hijo está ahí, debajo de él” le comenta un compañero a Kazik mientras avanzan rumbo a cumplir su tarea. Este tal vez sea uno de los pasajes más impactantes de la historia, tanto por los dibujos de Croci, que si carecen de efectos estilísticos es porque el autor quiso lograr una perspectiva realmente realista; como por el guión, que en esta parte del relato acentúa con crudeza y sutileza narrativa el horror de la cámara de gas, pero puertas adentro.

 

Con este cómic el autor logra plasmar la idea que se había propuesto desde un principio: instaurar un debate filosófico acerca de las religiones que a lo largo de la historia de la humanidad han provocado las guerras más cruentas y la muerte de miles de inocentes. Esta postura la retrata sobre todo en un parlamento final cuando Ann, la hija sobreviviente de Kazik camina con su madre por el campo ya abandonado por los nazis, mientras aguardan la inminente llegada de los rusos. “Aquí es donde morí” reza la viñeta donde Ann mira con ojos demacrados  las puertas destruidas de su propio infierno. “Gracias a dios por haber hecho de nosotros tu pueblo elegido, pero ¿no podrías haber escogido otro?”, es el cuestionamiento que Ann realiza desde su  escuálida adolescencia. 

 

Como dije al principio la historia no sorprende, precisamente, por estar basada en un hecho histórico. Sin embargo conmueve, y plasma una temática que parecería imposible recrear en un género como éste. El cómic es entretenimiento y está bien, no vamos a pedirle moralejas, pero no está mal que de vez en cuando nos toque algunas fibras un tanto entumecidas.

Con esta novela gráfica Croci no hizo más que contribuir (al igual que otros tantos guionistas del género) a que el cómic deje de ser un hijo bastardo en la inconsciencia colectiva.

 

 *Norma Editorial, 2005

 

 

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