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 LOS TERAPEUTAS

 Amor en lo alto *

 Hay cosas que no importan **

Efímero pero lindo

 Por Damián Pérez 

 

Hay amores culposos en la vida. Esos amores que si uno intenta explicarlos no puede llegar a construir un argumento sólido del por qué le gusta: las películas del negro Olmedo, los libros de Ignacio Alcuri y el programa televisivo La hora de los deportes a modo de ejemplos. En nuestro sentimiento de culpa suele ser común que surjan las canciones de artistas pop. Como cuando están pasando un tema de Roxette por la radio y me detengo en el dial para rememorar el fin de la infancia.

Cuando Jaime Roos editó Contraseña, un disco de versiones de canciones de la música uruguaya me topé con un temazo: Amor Profundo en la voz de El Zurdo Bessio. A partir de ahí me interesó saber quién era el compositor de tan maravillosa canción. Es aquí que me encuentro con Alberto Mandrake Wolf, músico al cual había evitado vaya a saber por qué prejuicios tontos. 

Me encuentro ahora explicando un amor culposo: Los Terapeutas. La banda de Wolf ha aprendido a perfeccionar la canción pop uruguaya bajo el influjo de Eduardo Mateo. Muestra de ello son las primeras canciones que abren el disco Amor en la Alto (2002): Llegaste a mí, Llueve y Ella va 1 y medio. Los Terapeutas concretan la melodía pop pegadiza con estribillos para ir silbando por algún balneario. El resto de los temas parten de la concepción pop pero incursionan en la experimentación arraigada en la  tradición del candombe beat. Tal vez ahí sea donde los efectos producidos  resultan más desparejos. En esa búsqueda de un sonido pop vernáculo es interesante Hombre oscuro, roto (“El hombre roto amaneció en una pieza del bajo con una cualquiera, nada importa ya”) tal vez por zafar del estereotipo de la música de fusión uruguaya. Es decir, no es imprescindible meter un  candombe mezclado con otro género para enlazar lo folclórico con lo universal. Parece ser que hay otros caminos. En cambio en Quiero que te rías se tiende hacia el estereotipo marcado antes. Buena fue la elección de Hilda Lizarazu (Man ray) para que cante el tema Ella va 1 y medio donde queda claro que el pop-rock necesita voces claras y femeninas, para ello quién más que la chica jurado de Operación triunfo III. El caso de Prendiendo las velas parece estar hecha para la voz de Jaime Roos (si hay un Contraseña II). 

La letrística en Amor en lo Alto no es para nada pretenciosa, no busca complejizar metáforas pero tampoco insulta al público: “Se arrastra lento por el muro, el caracol se arrastra sin preocupaciones, el caracol bien sabe, hace su trabajo, cumple su rutina, es alcahuete de la lluvia, llueve y llueve” (Llueve). Digamos que Wolf posee el don de rescatar belleza de las imágenes costumbristas del paisaje. Amor en lo alto es un disco de lluvia de verano en los días finales de enero y andar pensando en esos amores estivales y  cantar: “Llegaste a mí cambiando la realidad, las horas sin ti, suplicios de ansiedad, y no importaba nada, más que vos no había nada, nada para ir, nada por qué regresar”.

Por el contrario el nuevo disco de Los Terapeutas editado también por el sello Sondor: Hay cosas que no importan (2005) parece ser el regreso a la ciudad, a la vida urbana, a los bares. Empieza de repente con el empuje de Días atrás (enfermedades familiares), batería y bajo marcan el ritmo pegadizo con total éxito para lo que necesitaba la canción, y así como empezó termina. Corta y efectiva. El tema de difusión Miriam entró al Hollywood (el disco contiene el video de la canción) es perfecta, es decir, lo que amenazaba la banda en su anterior disco, lo concreta en éste. Posee la hermosura de lo inexplicable, una historia de bar como tantas, de melancolía dulce, se roba las palmas. 

De naturaleza musical y lírica similar a Mincho bar de Buitres, una especie de música del lejano oeste compuesta por Ennio Morricone pero en la traducción montevideana. Uno de los temas que compite con la belleza de Miriam  es La criatura, donde explota el estribillo: “y eras tú distorsionada y eléctrica…” Otro tema con parentesco es El borracho Pablo, nada más que en esta ocasión es prima hermana del tema Alcolito del guitarrista argentino Skay Beilinson. Hay cosas que no importan es un disco de un febrero frío y soleado, donde la euforia baja y la tristeza  de los recuerdos y confesiones aparecen en Lo que me contó Miguel antes de pegarse un tiro y en la desnudez de Strip tease

Escuchando ambos discos de corrido, parece que Wolf quiere dejarnos en claro un mensaje básico y primordial, algo que se repite en los versos de distintas canciones: hay varias cosas que no tiene importancia. Miren sino es una obsesión: “Con tantos años en la vuelta ya no me interesan…”, “Mientras canten las estrellas hay cosas que no importan”, “me gusta verte llegar por la calle Nímes, ni me explico por qué”, “Y no importa la hora, no importa el clima”. Habrá que hacerle caso.

* Sondor, 2002

**Sondor, 2005

 

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