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MANUEL NIETO
Director de "La Perrera" 

“No hice una película para que le guste a todo el mundo”

Por Nelson Barceló

Fotos: Control Z 

Mientras ultima detalles para la presentación de La Perrera en el interior del país, Manuel Nieto nos habla sobre su relación con el cine y cuenta cómo fue dirigir su película en un país con tres millones de cineastas. 

-         ¿Cuándo se te ocurrió por primera vez hacer una película? 

-         Mucho después que terminé la carrera, cuando estudiaba no pensaba hacer cine. Aunque me gustaba, en el ‘88 o ‘89 me hice socio de Cinemateca, por entonces solo iba al liceo y veía películas, hasta treinta por mes. Pero no me imaginaba dirigiendo una, ni que en Uruguay podría hacer cine. Después fui a ver El Dirigible, que en ese momento me pareció pretenciosa.  Además no tenía una opinión formada, entonces solía plegarme a las puteadas de los demás. Pero algunas cosas me habían gustado, cuando cuenta el principio y el final de Baltasar Brum, y la suposición de que nadie vio el disparo por el dirigible. Cuando terminé la facultad, laburé en Canal 10 durante tres años como coordinador de producción en el último ciclo de Hablemos, y con (Ángel María) Luna para El Reloj. Los dos primeros años fueron llevaderos, pero después se transformó en un sufrimiento porque todo era una mediocridad, una chantada horrible, me aburría. Le dije a Luna que quería hacer algo vinculado a la publicidad o al cine, y esa reconversión laboral me llevaría tiempo, entonces precisaba la guita del despido. Él fue muy generoso porque si bien yo renuncié, me pagaron el despido y con eso viví sin hacer nada durante el ‘99. Por entonces vino Diego Fernández, que estaba en Venezuela y comenzamos a escribir Nico y Parker. Simultáneamente laburaba como asistente de dirección en un corto, luego entré a trabajar en publicidad mediante Ernesto Gilman. Había campaña electoral y le hicimos la campaña al Frente Amplio. A fines de ese año terminamos filmando Nico y Parker, porque Diego trabajaba en una productora y consiguió las cosas de allí. Después comencé a trabajar como asistente de dirección en 25 Watts. 

-         ¿Percibiste en aquellos tiempos la repercusión que tuvo Nico y Parker? 

-         Sí, sí, porque en ese momento casi no había cortometrajes. Incluso se filmó en 16 mm y se terminó en 35 mm. Creo que algún corto de (Mario) Handler se había terminado en 35 mm, pero nada más. 

-         También fue la primera vez que se mostró en Uruguay a jóvenes sin nada que hacer, y eso se conecta con 25 Watts.  

-         Sí, totalmente. Pero son cosas que suceden sin pensarlo. La historia de Nico y Parker se planteó así porque nosotros no sabíamos filmar, entonces precisábamos una situación sencilla de dominar, estática. Todo eso se construyó mediante los diálogos, cuando terminé de laburar en 25 Watts me fui a vivir a España, donde llevé el corto a festivales y llegaron a pasarlo en la televisión. También las estrenamos en salas comerciales, vimos una guita por eso, y bueno, ya no me quedaba por donde moverlo. 

-         ¿Qué impresión te llevaste de España? 

-         Que hay mucha gente más que acá para intentar hacer lo mismo que vos. Por cada uruguayo hay cincuenta españoles queriendo hacer su película, no hay espacio. Además me pareció mediocre la producción audiovisual española, especialmente la del cine, y el ambiente en general brinda más confort que ideas. 

-         ¿Cuando volviste de allá tenías pensado hacer La Perrera? 

-         Yo me había ido con una novia, allá entramos en crisis y para peor estaba sin laburo. Entonces necesitaba hacer algo. Así comencé a armar el proyecto, atando una serie de escenas sueltas que había escrito allí. De ese modo me las arreglé para presentarlo en una serie de fondos, con la ayuda de gente que había conocido en España, y entre que las presenté y recibí las respuestas, todo colapsó allá y volví a Montevideo. A la semana empiezan a llegar las aprobaciones de éstos fondos, y para mi fue una señal muy fuerte del lugar donde tenía que estar, que hacía bien en volver a Uruguay. 

-         ¿Cuáles son las escenas que mantuviste del primer borrador de La Perrera? 

-         La apertura de la película, cuando él se levanta de la cama y está con ella, luego se va y se despiden. Eran escenas sueltas que uní bajo el nombre de La Perrera. Antes el guión mostraba más al pueblo.   

-         ¿De dónde sacaste tantos datos sobre las historias que suceden en balnearios durante el invierno? 

-         Veraneé allí toda mi vida, conozco gente, conozco al balneario, y con los años comencé a ir en invierno, fuera de temporada, porque tengo amigos que viven allá. Una vez que tuve clara la idea de la película, fui a vivir un tiempo a la Pedrera, pero con una perspectiva utilitaria, de observar y absorber cosas. De todos modos la vida de un balneario durante el invierno es mucho más sórdida de lo que sugiere la película. 

-         ¿Qué cosas te gustan y cuáles te repelen de un balneario en invierno? 

-         La verdad me gusta todo, la soledad, la sordidez. Me encanta, mucho más que el verano. Me interesa el lado oscuro de las cosas, el lado malo de la gente. Lo prefiero a las cosas buenas y fáciles. No estoy interesado en mostrar las cosas lindas, perfectas. Prefiero ir para el otro lado, La Perrera es un relato bastante crudo, tiene humor negro, absurdo, pero en definitiva es una historia triste, áspera. No hice una película para que le guste a todo el mundo, puse cosas especialmente para disgustar y que marcan un límite. No es una película preciosista ni pretende ser perfecta en cuanto a la imagen o el sonido. Lo del porro sé que molesta, aunque hubo más tolerancia de la que suponía. Por ejemplo, era la idea que apareciera un cacho de faso así en la tele (N. de R.: alude al spot televisivo). Se fuma mucho porro pero no hay cultura visual al respecto. 

-         ¿Tomaste alguna referencia cinematográfica para rodar el viaje de hongos? 

-         No, los referentes eran lo que cada uno había vivido. Yo tomé hongos, fumo porro. Más allá de eso, recordaba una secuencia histórica, emblemática en cuanto al viaje de ácidos que es la de “Easy Rider”, pero no traté de reproducirla. Hubo una idea muy clara al filmar esa escena, que pasaba por ser lo más simple posible, sólo hay un efecto visual o dos. Uno el fuera de foco, y otro la velocidad de la cámara que cambia, como que está acelerado y frena. Además aislamos el sonido del fuego y lo pusimos sobre toda la escena, buscaba dar esa sensación de que el hongo compartimenta la realidad. 

-         ¿Te obsesiona el paso del tiempo? 

-         No, la película quedó más elíptica de lo que era por un tema de trabajo en la edición. Aunque en el cine todo se reduce al factor tiempo, lo que más me interesaba con La Perrera era mostrar un lugar con ese tedio, abulia, o decadencia de no hacer nada, y trataba de filmarla como se vive por quienes están allí. Ellos no lo ven como algo malo, sino que es su mundo, pero los de afuera lo juzgan negativamente. 

-         Hace un rato hablabas de El Dirigible, ¿no te parece qué fue demasiado vapuleada debido a la falta de industria cinematográfica en Uruguay?   O sea, que los espectadores van al cine buscando encontrarse con su película y no admiten otras miradas. Y desde ese lugar también La Perrera recibió críticas de gente que te reprochaba el no mostrar postales turísticas de la Pedrera en tu película, o no moralizar sobre el consumo de marihuana. 

-         Capaz que sí, como aquello que todos los uruguayos somos técnicos de fútbol. Pero por otro lado cambiaron algunas cosas, no es como 25 Watts y En la puta vida, que por el solo hecho de tener la marca uruguaya llevaban gente al cine. Cambió porque las últimas películas como Alma Mater, Ruido que no fue muy buena, Adiós Momo y Whisky muestran personajes en paredes descascaradas, vidas monótonas, tristes. Eso terminó embolando a la gente, y al momento que estrenamos La Perrera ya habían prejuicios sobre las películas uruguayas, que eran tristes, lentas, aburridas. Todo eso se tradujo en términos de taquilla, aunque también incidieron algunos errores que tuvimos en materia de distribución.   

-         Una de las escenas que representa cabalmente el espíritu de la película es cuando David queda solo frente al mar y trata de prenderse un faso. 

-         Claro, en esa escena el loco tenía los dedos rotos, no se podía hacer la paja ni trabajar sin ayuda porque no podía agarrar las cosas. Entonces se fuma un porro y vuelve a su casa. 

-         ¿Cuánto duró el rodaje? 

-         Aproximadamente ocho meses, rodamos dos semanas en mayo, dos en agosto y tres en diciembre. 

-         ¿Qué buscaste al incluir actores no profesionales? 

-         Es que no podía poner un actor para interpretar a un obrero, ¿cómo le hago las manos o el rostro cortado? 

-         ¿Y la mujer del padre de David? 

-         Es actriz amateur, la encontramos en el Florencio Sánchez.   

-         ¿Y a David? 

-         A él lo elegimos porque era flaquito, se movía de forma torpe y se sentía identificado con la situación de venir a vivir a un lugar nuevo. Él hace algunos años vino de San Pablo a Montevideo, y para él eran importantes los cambios. Además estaba viviendo con su padre, sabía desde dónde hablarle. Hubo dificultad para elegirlo porque él tenía acento brasileño, entonces lo mandamos a un foniatra, Roberto Fontana, quien no le sacó mucho el acento pero le dio varios piques de actuación y seguridad para pararse frente a una cámara. 

-         ¿Dónde presentarán la película próximamente? 

-         El primer lugar donde vamos a llevarla es a La Pedrera, haremos una función allí, luego en la Paloma y también será estrenada por el resto del país. 

-         ¿Continuarías esa línea temática, con esos mismos personajes?

-      No tengo nada decidido por el momento, pero es posible, ¿por qué no?

 

 

 

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