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 Y SU MÚSICA SUENA TODAVÍA
 Retrospectiva del rock uruguayo de los '70

Por Nelson Barceló

 

Hasta hace algunos años atrás, del rock de los ‘70 conocía poco y nada. Apenas algunas historias que una fuente cercana me confió cuando era niño y ahora comparto con ustedes:  

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Era común para él y sus amigos colarse a los recitales de Opus Alfa en La Cueva de Woodstock (hoy pagaría por entrar a un sitio que se llame así), cargando instrumentos para no pagar la entrada. Y en esos mismos shows un juvenil Rada subía a cantar blues demenciales, y a veces se animaba a entonar “Con una ayudita de mis amigos” de Joe Cocker.

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Génesis tenía un estupendo batero que enseñaba a golpear los parches a un amigo de mi fuente, quien aún no puede olvidar cuando Gonzalo Farrugia de Psiglo reventó los palos y terminó un solo de batería con sus manos.

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Mi fuente jugaba al voley con Urbano en Salinas, el músico era víctima de bromas ajenas que -producto de sus continuas distracciones-  terminaban irremediablemente en furibundos pelotazos contra su humanidad.

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Que en sus años mozos había dragoneado a una corista de los Killers.

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Los Fattorusso ya eran raros” (sic). Pero en el barrio se hicieron conocidos antes de ser músicos, más precisamente cuando comenzaron a criar lagartas en su casa.

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Y que toda aquella movida terminó cuando llegaron los milicos y sus chanchitas -donde alojaban pelilargos- a la puerta de los recitales. Eso, junto al exilio de algunos músicos y los problemas económicos que atravesaban los boliches donde tocaban rock, sepultaron aquella etapa. A diferencia de los menesterosos rockers, la joven policía (“muchos venían de Artigas” -sic), gozaban del dinero necesario para tomarse unos whiscachos en el boliche mientras sonaban las cumbias. De ahí en más prosperaron los templos tropicales, y “El Salvo” se convirtió en una meca del dancing montevideano.     

Quizás todo sea cierto, quizás no, o nada de eso importe ya. Pero tras la épica setentista, hay una cantidad de discos* que retratan a la primera camada del rock uruguayo, y vale conocer. No solo marcan el surgimiento del rock nacional, sino que también originan un concepto de juventud que va más allá de una franja etaria, para transformarse en sinónimo de una nueva cultura.  

 

Canción del muchacho / Las Quemas  

Eduardo Darnauchans

(Sondor, 1998) 

Eduardo Darnauchans es un artista que revela una sensibilidad perturbadora. Sencillo, bajo perfil, elegante, cínico y con el andar de un príncipe desheredado por una república perdida. Cada una de sus obras demuestra esas cualidades, y ésta no es la excepción. Solo Darnauchans podría comenzar un disco cantando: “Manuel Flores va a morir/ eso es moneda corriente/ morir una costumbre/ que sabe tener la gente”; abrevando de las fuentes de Jorge Luis Borges. Eran años en los cuales se daba el lujo de decir: “El mundo de los mayores/ es una foto amarilla”. Época para cantar a los “fusileros proletarios” en “Canción por la España obrera” de Líber Falco, y musicalizar otros textos pertenecientes a Víctor Cunha, Mario Benedetti y Washington Benavides. A su vez, la sola presencia de “En la noche” hace atractiva la segunda parte del disco correspondiente a Las Quemas.  

 

Complete recordings

Los Mockers

(Munster Records, 2003)

Bastará la siguiente afirmación para dejar en claro el valor artístico de Los Mockers:  es una banda de rock nacida en Uruguay que únicamente grabó un disco y se convirtió en leyenda.
La primera vez que escuché hablar de ellos fue en El Dorado FM a principios de los ´90 cuando unos españoles admirados por la calidad artística del grupo decidieron editar grabaciones de la banda. Por otra parte el sello uruguayo Perro Andaluz editó un casete llamado ”Los Mockers, Montevideo en los salvajes sesenta”.

Todo país construye sus antagonismos.  A nivel político, deportivo y también artístico. Entonces, si existieron unos muchachos llamados Los Shakers (sonido similar a The Beatles) debían aparecer otros parecidos a The Rolling Stones.  Ese lugar sería ocupado por Los Mockers, quienes durante sus inicios (bajo el nombre de Los Encadenados) realizaban temas de The Beatles.  Claro, tras
conocer a la dupla Jagger-Richards redireccionaron su admiración hacia los Stones.  Esto queda evidenciado en el desempeño del cantante y la forma de composición llevada adelante.  Además de un cover de “Paint it black” para coleccionistas. Como diciendo:  “nos gusta...  ¿y qué?”.

La formación original de Los Mockers era:  Jorge Pereira (voz y guitarra), Jorge Fernández (guitarra), Julio Montero (bajo), Esteban Hirschfield (teclado)y Alberto Freigedo (batería).
”Complete Recordings” es una antología editada en España que contiene todas las canciones que (la formación mencionada anteriormente) llegó a grabar. Es decir, el disco completo de Los Mockers, canciones de dos simples y un tema inédito que redondea 20 canciones de llamativa calidad artística.  Melodías que van del pop al rock salvaje sesentón llevadas adelante con
suficiencia.

Mis favoritos del disco: “What a life”, “I Wanna go” y “Can´t be a lie”.
”Complete Recodings”, un disco ideal para recordar que la música rock uruguaya puede ofrecer algo más que fusiones, punk con letras depresivas o estribillos de cancha.  Cosa que los aleja de ser los “ratones paranoicos” charrúas y les posiciona como una de las pocas leyendas que generó el rock uruguayo.

 

Discodromo

VARIOS

(Sondor, 1998) 

El mítico programa de Rubén Castillo tiene su extensión en un disco que reúne parte de la escena musical uruguaya que por entonces visitaba el ciclo televisivo de Canal 12. Bandas como Los Delfines, Los Campos y El Sexteto Electrónico Moderno tienen su lugar en éste disco. Pero otro valor encontrarán quienes coleccionan rarezas, puesto que se toparán con una versión del clásico de Bee Gees “Comencé una broma” por los Moonlights, mientras los Killers hacen “Woodstock” de Joni Mitchell. Además el cidí incluye “Así me quiero morir” de un juvenil Ronald País (sí, el mismo), y a Julio Frade y su orquesta tocando “Negra Paloma”. Los amantes del bizarro, de parabienes.

 

Jorge Barral / Génesis / Jesús Figueroa

ÍDEM

(Sondor, 1998) 

Jorge Barral integró dos de las bandas más importantes del rock nacional como Opus Alfa y Días de Blues. Por fuera de éstas experiencias grabó un disco áspero, de despedida. La desolación de Barral se divisaba desde “Esto sigue igual” y “Corazón triste”. Simultáneamente el exilio es un tópico frecuente en sus composiciones, como “Se va muriendo mi aldea”, o su carta de despedida titulada “Chau”: “Chau a los veinticinco que entendieron algo de lo que hacía Días de Blues/ gracias a los mil quinientos que sin entender nada fueron a vernos y aplaudieron, boludos”. Coronando su indefectible despedida con la frase: “El último que se vaya que apague la luz”.

Luego en el compilado aparece la banda Génesis, quien podría inscribirse -salvando las distancias- con Psiglo en la góndola de rock progresivo uruguayo. Poseedora de una llamativa complejidad musical y exhortando a hablar entre hermanos con la consigna de “amor y paz”.

Al final del compilado encontramos a Jesús Figueroa, quien grabó “Jesús con todos” integrado por cuatro canciones, y repitiendo parcialmente la formación de su banda anterior (Opus Alfa). El magnífico “Gitana blues” demuestra las aptitudes vocales de Figueroa, quien por entonces batallaba contra los padres que imponían estrictas normas de control a sus hijas.

 

Killers/ Moonlights/ Delfines

ÍDEM

(Sondor, 1998) 

Tres de las bandas que integraban la primera movida de rock nacional son compiladas aquí, con algunos de sus temas más populares. “Tu/ con esa forma de hablar que lastima/ tu/ con esa voz que al hablar desafina/ tendrás que comprenderme mejor o me muero/ tendrás que darme todo tu amor/ no el dinero”; decían Los Delfines en uno de los temas que ligan la ingenuidad de ese tiempo, y el amor como único camino, relegando lo material. La aún hoy frecuente queja de los músicos se encarna en“Amigo sigue igual” también realizada por Los Delfines para abrir el disco. En esa tónica de himnos generacionales también nos encontramos con “Milonga de pelo largo” cantada por Dino y sus Moonlights: “historias de penas grandes/ de gente joven/ de penas viejas/ de veinte años”; y ya por aquel tiempo advierte un panorama que se va tornando desolador: “recuerdos de los que huyen de nuestras tierras/ de la violencia/ de la miseria”. A todo esto, los Killers más allá de cantar en inglés tenían otra particularidad que pasaba por la participación de dos mujeres en coros (Virginia e Inés Berro Villegas), quienes interpretan la melancólica “Good bye”.

 

La conferencia secreta del Toto’s Bar

Los Shakers, 1968

Éste disco es comparado por la crítica como el  “Sargent Peppers lonely Hearts club band” de The Beatles, pero a diferencia de sus registros anteriores(“Los Shakers” y “For you”), en ésta oportunidad Los Shakers sorprenden con una obra conceptual que demuestra una notoria evolución y distancia de su sonido original, adosando destacables arreglos instrumentales. El disco toma por eje al “Toto´s Bar”, un boliche de rock inserto en Punta del Este al tiempo que juega con la reunión cumbre de presidentes latinoamericanos realizada por entonces y así agregan lo de “conferencia secreta”. Eran tiempos difíciles para la banda que ya había decidido su disolución, y el poco respaldo que obtuvo con la edición de éste disco fue el estiletazo final para su separación, imposibilitando cualquier presentación en vivo de ésta obra conceptual. Aquí adelantan todo lo que tiempo después se denominaría fusión del rock y el pop con otros sonidos parientes del candombe (incluye un tema denominado así), bossa nova, jazz y tango. Más allá de eso el toque Beatle se mantiene mediante composiciones como “Yo recuerdo mi mundo”, mientras El tema “Señor Carretera” -con sus alteraciones rítmicas- quizás sea una de las llaves más refinadas que cuenta el Río de la Plata para abrir las gigantes puertas de la psicodelia.

   

Mateo solo bien se lame

Eduardo Mateo

(Sondor, 1998) 

Todas las guitarras, toda la percusión, todas las voces, toda la música, toda la poesia: Mateo”; dice el sobre interno del disco, y resume mientras estimula a escuchar sus canciones. El formidable sonido logrado en los Estudios Ion de Buenos Aires permite encontrar esa particular e inimitable destreza con que tocaba la guitarra Mateo. Un artista que cantaba así, chiquito. Quizás junto a Jaime Roos y Alfredo Zitarrosa sean los tres músicos que mejor traducen en sus composiciones la tan mentada “uruguayez”. Es difícil destacar alguna canción por sobre las demás, y bien vale enumerar cada una de los tracks que integran Mateo solo bien se lame: “Yulele”, “Quien te viera”, “Uh, qué macana”, “De nosotros dos”, “Niña”, “Tras de ti”, “¿Por qué?”, “Jacinta”, “La mama vieja”, Lala”, “La Chola”, “Esa cosa”, y “De mi pueblo”. Dentro de lo experimental que suenan sus melodías, aparecen letras contando pequeñas historias, pero con una calidez que redondea composiciones bellísimas, íntimas y luminosas. Además, transmite un halo de espontaneidad al dejar algunas pifias, manteniendo esa sensación de primera toma.

Eduardo Mateo desnuda aquí un talento incunable, ni siquiera Lord Ponsomby acreditaría que una invención suya tuviese tan notables resultados.

 

Musicasión 4 y ½

VARIOS

(Sondor, 1998) 

Este disco está basado en sesiones realizadas entre octubre de 1966 y agosto de 1969, en los estudios de Sondor. Recrea aquellos espectáculos promovidos por Horacio Buscaglia denominados Musicasión, que reúnen destacados artistas como Eduardo Mateo, El Kinto, Rubén Rada y Dianne Denoir, entre otros. Las locuciones de Horacio Buscaglia cumplen la función de nexo entre las distintas propuestas artísticas. A diferencia de otros discos, ésta edición cuenta con comentarios de cada canción que remiten en algunos casos a su creación o grabación. Incluye dos versiones del tema de Mateo “Mejor me voy”. La primera interpretada por Dianne Denoir (a quien algunos ven como musa inspiradora de Mateo), y la segunda por Rada. Así exhibe la belleza de esa canción que puede materializarse en voces tan disímiles como las presentadas aquí. Son de la partida maravillas de El Kinto como “Muy lejos te vas”, “Pippo” y “Yo volveré por ti”; así como también la deliciosa “Príncipe azul”. Sorprende la participación de Federico García Vigil en bajo, quien junto a Figares en violín hacen la exquisita “Margaritas rojas”. Musicasión 4 y ½ permite una aproximación a la obra de El Kinto, y recrea aquellos espectáculos donde se gestaba el ajetreo cultural a fines de los `60.

 

Opus Alfa/ Días de Blues

Ídem

(Sondor, 1998) 

Los Opus Alfa abren el cidí con “Blues de mi ciudad”, una mirada urbana teñida por el desencanto y buscando el verde dentro del paisaje citadino. En esa tónica cantan: “Montevideo siempre te ha dado solo tristeza/ solo pobreza poca felicidad”. También hay espacios para la sutileza de “Ilusión”, tema de Jorge Barral que luce exquisitos arreglos de violín, en manos de Atiliano Gil Losada y Jorge Graf. Algunos teclados con reminiscencias psicodélicas junto a un tango experimental revelan esa necesidad de buscarle la vuelta por primera vez a muchas cosas instituidas, incluso a la música ciudadana. Pero si quieren conocer a un power trío, es un buen momento para escuchar a Días de Blues. La formación del trío es clásica en el rock, pero difícil de sustentar en vivo dadas las limitaciones que ofrece. A menos que cuenten con solos de guitarra siderales provistos por Daniel Bertolone -como en “Toda tu vida”- y una potencia devastadora aterrizando sobre la batería. Graf, Bertolone y Barral continúan buscando alejarse de la ciudad y  aventuran desde “Amasijando los blues”: “Vamos al campo/ decidamos nuestro futuro/ y también el de nuestros hijos”. Continúa con “Dame tu sonrisa, loco” versionado décadas después por La Tabaré en su disco “Que te recontra”, donde ya advertían: “si tu fumas marihuana/ que no sea por cirquero”. Por si fuera poco la armónica de Bertolone da comienzo a “Esto es nuestro”, y consagra una de las crónicas más lúcidas que realizó sobre Uruguay una banda de blues que sabía tocar rock.

 

Psiglo I y II

PSIGLO

(Sondor, 1995) 

Fue una de las pocas bandas que materializó su regreso años atrás, y desde el primer track transmiten su excitación por sentirse parte de un momento especial. Hasta saben formularlo desde “Siénteme” cuando canta: “llegan los días que importan”. O cuando se proponen cambiar al hombre por uno mejor. El disco de Psiglo está repleto de planteos existenciales en clave de rock, demostrando ser parte de una generación llena de preguntas. Revisar aquellas canciones que hablan de: “destruir la ignorancia que abunda en masa”, y “construir destruir una cultura sólida para nunca más volverse máquinas”; puede hasta sonar ingenuo por éstos años. No obstante es un retrato de época que manifiesta ciertos temores por lo que vendrá como “En un lugar un niño”. Cuenta además con brillantes momentos musicales en manos de “The Best” Farrugia en batería -a quien no quisiera cruzármelo en un mal día- y fantásticas introducciones como en “Vuela a mi galaxia” y “Siénteme” que bien le valdrían un destaque en la góndola del rock progresivo.

 

Rock Nacional 1971-1976 

VARIOS

(Sondor, 1998) 

Es una ensalada que reúne temas de Los Delfines, Hojas, La Legión, Parvas, Opus Alfa, Jesús Figueroa, Psiglo, Moonlights, Urbano, Días de Blues y Jorge Barral. Clásicos como “Amigos sigue igual” de Los Delfines, o “Esto es nuestro” de Días de Blues integran la selección de temas realizada por Enrique Pereyra y Rodolfo Fuentes. La escucha del material permite divisar lo amplio del abanico de posibilidades musicales que brindaba aquella movida, además vale señalar que acudieron a las grabaciones originales para su reedición en cidí. 

 

Tótem I y II

TÓTEM

(Sondor, 1995)

Bobby Flores -la mejor mezcla de locutor y musicalizador que entregó Argentina- solía pedirle a Dios ser negro para contagiarse su swing. Y Tótem seguramente le de una razón más para reforzar sus súplicas. Al frente de la banda estaba Rubén Rada, explotando todo su carisma y potencia vocal al frente de un verdadero “dream team”. Junto a él estaban Enrique Rey, Eduardo Useta, Chichito Cabral, Daniel Lagarde, y Roberto Galletti. Es uno de los grupos más importantes del rock nacional de todos los tiempos. Por aquellos años, su obra puso en boca de todos la palabra fusión -que en algunos casos tuvo destino trágico- y en esa línea sobresalen los arreglos del Chichito Cabral en tumbadoras y tambores con “Días de esos” y “Biafra”. O el memorable instante donde se luce a pleno toda la banda durante “El Tábano”.  Si vienen por clásicos, vamos, anoten rápido: “Dedos”, “Chévere”, “De este cielo santo”; y conste que me remito exclusivamente a los tres primeros temas del disco. Claro que están “Heloísa” y “Orejas” donde la sutileza de Cabral vuelve a entregar calidez y ternura a la canción.

   

* Vale señalar que no todos los discos fueron grabados en la década del '70, sino que algunos de ellos se editaron promediando los años '60.  Por otra parte, en la hoja de ruta marcamos la fecha de reedición del material en cd.

   

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS '70

(Por Marcelo Cross)

 

LOS '70:  MEMORIAS DE LOS BUENOS TIEMPOS

(Por Tabaré Rivero)

 

CON UNA MANO EN EL CORAZÓN 

(Nelsong)

 

HOJA DE RUTA

(Ficha técnica de las bandas de los '70)

 

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