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 LA TABARÉ:  SINPHONETTA INFINITA
 Crónicas del ludo

Por Carolina Bello

  

Con motivo de la presentación de su nuevo disco Chapa, pintura, lifting, La Tabaré se presentó durante tres viernes de mayo en la Sala Zitarrosa. “Sinphonetta Infinita” se llamó el show, que no escatimó en performances y en clásicos de la banda desde sus inicios hasta la actualidad.  

Si bien desde el disco “Sopita de gansos” La Tabaré había cambiado la terminación de su nombre por “...Milongón banda”, aspecto que se vio reflejado en sus posteriores presentaciones en vivo, volvió esta vez a un formato más rockero, pero claro, un rock más adulto y elaborado, en donde el ensamble entre los instrumentos no fue un tema menor.   

La Tabaré brindó un show contundente que no dejó sabor a poco. Con un Tabaré Rivero distendido y ostentando un carisma que, si bien es repelido por algunos, seguro es admirado por las personas que llenaron la sala en las tres oportunidades (algunas noches con doble función). Por otro lado la presencia de Mónica Navarro, una de las mejores voces femeninas del panorama local, y por qué no, la cantante que más parece haber entendido de qué va la escena de La Tabaré. A la corrosiva voz de Tabaré, Mónica le agrega toda la melodía que hace falta para cantar por ejemplo (¡y lo tocaron!) un tema tan emblemático de la banda como “Zona de Combate”.  Canción ésta que se suma a la lista que los fans más nostalgiosos pudieron escribir, al lado de otras como “Patada en el bajo beat”, “Las raíces desteñidas” o “El tacho de la basura”, todas tocadas con los nuevos arreglos con los que fueron registradas en su reciente disco. 

Las performances teatrales tuvieron lugar varias veces a lo largo del show, planteando como leitmotiv la deshumanización imperante en esta suerte de selva-global.  Los actores ya habían trabajado con Tabaré Rivero en la obra Putrefashion y se advertía la complicidad entre ellos y la banda. 

El público estaba distendido y los momentos se fueron sucediendo en el show con la ligereza que nos hace perder la noción del tiempo sólo cuando uno la pasa bien. Al costado del escenario había una jaula gigante a modo de escenografía, en donde primero tuvo lugar una performance por parte de dos personajes-pájaro, y que luego sería parte del escenario para Tabaré y Mónica, quienes cantarían metidos allí dentro, en uno de los tantos momentos climáticos que se generaron en el show, entre los que también se destacaron  la interpretación de Hernán Rodríguez (guitarrista de la banda) de su tema “Noche de ánimas” y la rareza versionada con letra propia del tema “Crua-chan” de Sumo. 

Un show de dos horas  de duración que tuvo todo tipo de momentos y climas. El paso del tiempo demuestra que La Tabaré sabe cómo transistar el camino que alguna vez se trazó, ajena a los intereses de los robos y rateros musiqueros, y trascenderlo. La banda sube al escenario dispuesta a jugar y a patear las fichas de la indiferencia que puede trasmitir el auditorio de ocasión. Excepto a veces. Este no fue el caso.

 

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