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 TOCA BUITRES...  UN DÍA DE ABRIL
 17 años - Velódromo Municipal

Por Lisandro Páramo

  

El 1º de abril se presentó la banda Buitres después de la una en el Velódromo municipal conmemorando sus 17 años de existencia. Festejo atípico ya que no es común celebrar esa cantidad de años, no parece un número que se deba loar, a pesar que ya hubo otras bandas que han hecho cosas parecidas, recordemos al Cuarteto de Nos con sus 21 años en el teatro del Movie Center o a La Tabaré con su 18 años en el Plaza. 

Pertenezco a la cofradía ramonera desde mi más tierna infancia, en mi adolescencia me llamaban Muddy Ramone por ese fanatismo. Por esa razón siempre sentí cierta simpatía por Buitres ya que es ampliamente sabido que es una banda que ha tenido un espejo en los muchachitos de flequillo de New York.

The Ramones fue una banda que siempre tuvo un esqueleto rígido en la lista de temas que tocaban en vivo, tan así que sus seguidores podíamos adivinar de antemano cuál era el tema que se venía. Justamente es lo mismo lo que pasa con la banda uruguaya desde hace bastante tiempo en los recitales que realiza a nivel masivo. Las sorpresas escasean en la elección de temas a tocar, y en general se puede hasta afirmar que existe una omisión sistemática de las canciones del disco La Bruja (1991). Eso fue lo que pasó en el recital del 1º de abril, donde ni siquiera se apeló a los clásicos de ese álbum como ser Natalia o La copa. Pensar que algunos fieles de Buitres todavía sueñan con escuchar en vivo canciones como Mojave, cuando en realidad excluyen  hasta Corre, mono, corre. 

Más allá de esa falta con su público inicial, el espectáculo contó con ciertos aderezos que hicieron que no fuera un show más de la banda y que seguramente el público más menudo retendrá en sus retinas por bastante tiempo. En primer lugar, el escenario de grandes dimensiones disponía de cinco pantallas, dos grandes a cada costado y tres más pequeñas en el medio del escenario, con una alta definición de imagen. En estas pantallas se pudo ver, además de la banda actuando, una secuencia de imágenes en algunos temas, especialmente en la versión del tango Cambalache, donde aparecían los personajes destacados del siglo XX: Homero Simpson, La madre Teresa de Calcuta, Menem, Bush, Marilyn Monroe, etc. 

Terminada la primera hora de recital, la banda se retiró y subió Hugo Díaz (guitarrista de Trotsky Vengarán) que luego de hacer su set cómico de relación con el público, invitó al resto de sus compañeros de banda y realizaron su homenaje con la banda que los hermana musical y sanguíneamente. Tocaron cuatro temas de Buitres, dos que podían ser predecibles por la propia naturaleza punk-rock de las canciones, El Deseo (Deliciosas Criaturas Perfumadas, 1995) y Lucas Terry (Maraviya, 1993), y otras dos que fueron reales sorpresas, Canción de Navidad (D.C.P), nada más lejos e inapropiado para la voz de Guillermo Peluffo y Torturador, de Los Estómagos, donde primó la emotividad luego de algunas palabras de arenga por parte del cantante en referencia a “los huevos” que tenía la banda de su hermano mayor a principios de los 80’. 

Luego vino un intervalo de 10 minutos que fue presentado de alguna manera por las palabras de dos comunicadores radiales de ayer y hoy: “El Varo” (¿se acuerdan?) y “Kairo” Herrera. Las palabras de ambos no llegaron del todo al corazón del público presente. En el caso del “Varo” no se entendieron mucho sus palabras finales de “aguante Pappo” y la pregunta general era:  ¿Qué tiene que ver?, es decir, si él se siente nostálgico por la ausencia de ese motoquero y actor frustrado (en la comedia Carola Cassini,) que lo haga en la privacidad de sus casa, pero no es necesario que nos lo traiga a nuestra memoria, ¿o acaso no bastó con la organización del festival de rock uruguayo “Rock de Acá” en donde él se encargó que la última banda que cerrara el evento fuera el grupo argentino Riff? 

Al regreso al escenario del conjunto liderado por Parodi se destacaron algunas de las canciones pedidas por el público en la página web oficial de la banda: Ya no saben qué decir, Milonga Rante y Yo no voy a morir. Estos dos últimos temas destacados por Peluffo como rarezas en su set-list, no son más que temas pertenecientes al disco Buena suerte… hasta siempre de 2001, por lo que parece extraño que no habiendo una distancia temporal considerable sean canciones relegadas en sus conciertos. 

Aquí se evidencia una de las grandes faltas que ha tenido históricamente Buitres con su público: el armado de sus repertorios. Está claro que cada vez que una banda, cualquiera sea, saca al mercado un disco nuevo, lo que hace es presentar las nuevas canciones en sus shows. Lo que no significa omitir las canciones que se han cultivado en el sentimiento del propio público que los sigue. En el caso de Buitres, parece ser que la maniobra es la de recurrir a los caballitos de batalla de cada disco (léase Cada vez te quiero más, No es una pena y Una noche), y prescindir de aquellos que quedan como un recuerdo residual  para el público masivo (Rambla sur, Setiembre, Morel, ¿No me conocen?), sin importar si pertenecen a discos recientes o no.

Más allá de esta observación, el espectáculo contó con el grado de emotividad impuesto por parte de los espectadores que atravesaban distintas generaciones, que generó una simbiosis con lo que pasaba arriba del escenario en el momento de interpretar la canción Buitres (“Despertás y ya sabés no es un día más...”) cuando se subieron a participar del tema integrantes de Trotsky, Hereford y Sebastián Teysera de La Vela Puerca. 

Es sumamente redundante referirse a ellos como una banda clásica y no agregar nada más, porque es indudable que lo son en nuestro país. Este mérito no sólo es adjudicable por el paso del tiempo, sino también por la gran cantidad de canciones aportadas al acervo de la cultura nacional, algunas grabadas en el inconsciente colectivo. Pero el adjetivo de “clásica” no debe implicar que no se los cuestione en ciertas decisiones, y que no se generen más expectativas en torno a ellos. Por el contrario, los 17 años de trayectoria deben significar nuevos desafíos para la banda, por el momento con el cambio en su integración y la organización de un velódromo ya fue un buen paso para evidenciar la cantidad de personas que mueve el conjunto y para cerrar una etapa. Es sano pensar que vendrán nuevas cosas en el futuro de Buitres después de la una (así me gusta, con nombre y apellido).

 

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