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 UNA CASA CON DIEZ PINOS
 Manal

Por Nelson Barceló

Ilustración:  Esteban Selios

Okey, lo admito, muchos me escucharon decir con singular y enraizada petulancia: “a mí no me saquen de la ciudad”. Y lo peor es que sonaba bien, pero el tiempo admite que también suenen bien otras frases del estilo: “no hay como la tranquilidad del balneario, el aire, los árboles, tirarte abajo del paraíso”. Y en ocasiones tienen razón, porque vivir en un balneario -dejando atrás a los vecinos veraniegos- genera una soledad deseada, una atmósfera que habita en “Beautiful losers” de Prodan, barnizado con la estética “Twin Peaks” y su par de locos intrigantes merodeando bares repletos de humo.  Estando a media hora de Montevideo, por momentos te sentís a salvo del mundo, en un sitio donde ni siquiera hay señales de que alguna Intendencia haya puesto sus ojos. Es más, cuando la noche es por demás intensa, apenás deducís qué balneario es leyendo el toldo de una pizzería.  Caminar por las huellas de los tractores los días siguientes a la lluvia y asumir que nada te salvará del barro. Sin purretes mareando la plaza o escuchando al “No-te” a todo volumen. Ahí estás vos, percibiendo un viento imponente que se cuela por la chimenea, recordándote que vivís a tres cuadras de la playa.  

En general los lugares donde la vida se toma de forma aparentemente “liviana” suceden las cosas emocionalmente más fuertes. Me gusta el paisaje bucólico que propone un balneario durante el invierno y la gente con buzo en la playa. También el balneario son tus padres mintiendo:estos árboles, así como los ves, los plantamos nosotros uno por uno”, y son enormes pinos tocando el cielo.  Aunque en realidad, generalmente quienes tocan el cielo allí son otros; y mientras digo esto una calle aledaña denominada De los Hongos rubrica mediante guiño cómplice las actividades de inquietos lugareños.    

Estos lugares son tierra fértil de preocupaciones existenciales, y a eso alude “Una casa con diez pinos”. Marcando la alineación de cualquier ciudad, grande o chica, de cualquier espacio donde tengas vecinos y formas que cuidar.  En ésta oportunidad aconsejo salir a dar una vuelta, regresar a casa con los pulmones llenos de aire rico y ponerse los auriculares frente al equipo de audio para escuchar: “Una casa con diez pinos”, de Manal. Recomiendo especialmente la versión que Fabulosos Cadillacs realizó para la presentación de “Calavera Experimental Concherto”, que los amantes del download free pueden bajar de la red.  Ya lo saben, fumar y dibujar: ¿para qué complicar?

 

UNA CASA CON DIEZ PINOS

 

Y parece que hubiese de todo en la ciudad, 

pero sin tele no tenemos de qué hablar.

Una casa con diez pinos,

hacia el sur hay un lugar,

ahora mismo voy allá

porque ya no aguanto más,

no aguanto más,

no aguanto más,

vivir en la ciudad,

sólo humo y soledad,

nada más que respirar,

nunca más , nunca más

en la ciudad.

 

Un jardín y mis amigos

no se pueden comparar

con el ruido infernal

de esta guerra de ambición,

para lograr

o conseguir

prestigio en la ciudad,

dinero y nada más,

sin tiempo de observar

un jardín, bajo el sol

antes de morir.

 

No hay preguntas que hacer,

ni una simple reflexión,

solo se puede elegir

oxidarse o resistir

para ganar

o empatar

prefiero sonreír,

mirar dentro de mí,

fumar o dibujar,

para qué complicar

... complicar.  

 

 

 

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