RECOMENDAR

 

 

VER PROGRAMACIÓN

 

 

 

CONOCENOS  

 

 

SONDOR WEB

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20 de julio de 2006

 EL SUICIDIO SEGÚN IGNACIO ALVAREZ

 En algo raro andaría

Por Nelson Barceló

 

Me enteré de la muerte del cineasta Juan Pablo Rebella (1973 - 2006), mientras abordaba mi cotidiano pisteo matinal por las distintas AM. En pleno rally, escucho a Ignacio Álvarez* poner voz de circunstancia para dar la noticia. Horas antes El País publicó en su portal de Internet la información, y los programas radiales levantaron esa “primicia”, además cada uno -a su modo- propuso breves semblanzas sobre Rebella, y hablaron sobre la gran pérdida que significaba para el cine uruguayo. Incluso Álvarez se sumó a éste discurso, aunque nunca antes había mencionado las virtudes del cineasta, y tras el estreno de Whisky manifestó junto a su compañero y amigo -por entonces- Gustavo Escanlar cierta disconformidad con el film. Lógicamente el súbito interés por Rebella tras su muerte, ameritó que Las cosas en su sitio se extendiera al respecto, y Álvarez no dudó en prometer más información para después de la tanda.  Al regreso profundizaron sobre cómo, dónde, y quiénes lo encontraron muerto, repasando minuciosamente el número de vasos, petacas, y demás elementos que componían la escena final. No conforme con ello comenzó a preguntarse al aire qué le habría llevado a suicidarse, hurgando en la vida privada del cineasta, porque Álvarez no concibe que alguien popular, con dinero y joven se pegue un tiro.  Es un distrito que aparentemente su corta imaginación reserva al fracasado contumaz. 

 

Entonces comentó que durante la tanda se había comunicado con el Comisario encargado del caso, y éste le habría comentado que el padre de Rebella “reconoció que su hijo consumía drogas sociales” (sic), y un silencio se apoderó del dial. Continuando su línea periodística, en el siguiente bloque habló con Fabián Muro (periodista de El País) preguntándole cómo era Rebella, y Muro respondió que lo había entrevistado un par de veces y nada más. De este modo Álvarez se quedó sin saber qué tal era, pero eso sí, nos contó a todos que se suicidó y consumía drogas sociales. Cosa que no tenía lugar alguno en medio de la noticia, salvo para explicar -según su lógica pusilánime-  por qué un joven cineasta exitoso podía suicidarse. No fue al azar que tiró ese dato, violando la privacidad de una persona que acababa de morir. Si era por decir algo, podría haber contado que iba a la Ámsterdam a ver a Nacional, o que era fanático de Los Simpsons, pero no, porque eso no vende ni aplaca morbos. Su morning show precisaba encontrar algún dato que estirara la atención del público, y a su vez cerrar esa historia que pretendía vender. Es obvio que ni él, ni ninguno de nosotros sabremos el motivo qué llevó a Rebella a suicidarse, y está claro que Álvarez no es tan estúpido para suponer lo contrario. Sin embargo con su proceder exhibió claramente algo que ya habíamos comentado en la primera edición de Deltoya: “El show de la muerte”, en aquel momento relacionado con el fallecimiento de la cantante argentina María Gabriela Epumer. Y basta que muera otro joven artista para que otra vez pongan a funcionar la máquina con silencios laudatorios, promesas de más información a cumplir tras la tanda, y una muerte llenando bloques. Algo tan absoluto y definitivo como la muerte, que exime de juicios o comentarios termina ocupando horas en los medios cuando algún mercenario se topa con la noticia. Bastaría con un poco de sentido común, pudor o humanidad, pero lamentablemente algunos no lo ven así, pues su show debe continuar.

 *"Las cosas en su sitio", Sarandi 690 AM.

 

 

20 de julio de 2006

 SYD BARRET (1946 - 2006)

 Hasta siempre, Comandante

Por Nelson Barceló

 

A los sesenta años, éste fabuloso capricorniano dio un hasta luego definitivo al planeta Tierra el pasado 7 de julio. En su Inglaterra natal, demostró desde niño serios problemas de adaptación social y familiar, que se profundizaron cuando a los doce años falleció su padre. Por entonces corrió a refugiarse en el arte (primero la pintura), y tiempo después conoció a Roger Waters en el colegio de varones Cambridge High School. Esa amistad derivaría muchos años después en el debut de Pink Floyd donde tocaría sus primeras canciones “Effervescing Elephant” y “Golden Hair” (musicalizando el poema de James Joyce Chamber Music). Así también originó la aureola psicodélica y experimental de Pink Floyd mediante el tema “Interstellar Overdrive”. De esa forma abrió las puertas de la percepción, y tras meterse el llavero entero bajo la lengua protagonizó varios escándalos.

Uno de ellos inmortalizado durante el show televisivo de Pat Boone, donde fue incapaz de contestar las múltiples preguntas que le realizaban. Aunque todos los aplausos se los lleva aquella leyenda urbana originada en un recital de Pink Floyd. Aparentemente, Syd antes de subir al escenario permaneció un rato más que sus compañeros en el camarín, intentando delinear su particular peinado. Visto lo difícil que le resultaba acomodar su frondosa cabellera, agarró un frasco con pastillas, las molió y luego procedió a meterlas en una jarra de gel que finalmente desparramó sobre su cabeza. Chocho con los resultados, el coqueto Syd salió al escenario y con el calor de las luces comenzó a notar que caía sobre su rostro la mezcla de pastillas y gel, mientras sus compañeros asistían azorados a un simulacro de derretimiento de Barrett. ¡Y lo más increíble es que siguieron tocando! Claro, lo más normal que podía sucederle a Roger Waters en medio de esos shows, era ver cómo se derretían sus compañeros. Hasta es previsible la expresión del resto de la banda contemplando a Barrett: “¡Guaaaau!”. 

El talento de Syd lo mantuvo en la banda hasta que convocan a David Gilmour para tapar los baches que sufría sobre el escenario. Finalmente Waters le propuso seguir en Pink Floyd, pero exclusivamente desde la composición. Naturalmente no volvió a escribir una canción para el grupo, optando por grabar algunos temas con Peter Jenner que no prosperaron dado que EMI se asustó por el caos que dejaban en los estudios durante esas grabaciones. Al año siguiente, después de pegarse una ducha fría o simplemente mojarse las muñecas, llamó a dicha compañía intentando volver a grabar. Los ejecutivos del sello dudaban del estado mental de Barrett, pero visto el contrato que aún los ligaba, dijeron “perdido por perdido”, y contrataron a Malcolm Jones para producir el disco, que retomaría aquellas grabaciones con Peter Jenner. Todo fructificaría con la salida de un single integrado por “Octopus” y “Golden Hair”; para después editar su disco The Madcap Laughs, en enero de 1970. Al mes siguiente se presentó en el Top Gear de John Peel tocando cinco canciones, dicha sesión fue editada a fines de los '80 y es el único registro en vivo del artista. Ésta breve “fiebre Barrett” provocó la aparición de una revista denominada Terrapin, realizada por fans del artista que además formaron la singular cofradía Syd Barrett Musical Apreciation Society. Por entonces se contacta con David Gilmour, invitándolo a producir Opel, su segundo disco que demoraría en editarse producto de los nuevos-viejos problemas que aquejaban al artista.    

Su figura es eje de numerosos reconocimientos y homenajes. En 1987 varios artistas grabaron un tributo a Barrett denominado Beyond the Wildwood, además fue objeto de recopilaciones, edición de inéditos, relanzamientos, libros, y revistas sucesoras de Terrapin. Más allá del marketing, el hecho más saliente que permite visualizar la trascendencia del artista, arribó cuando sacaron una edición especial de The Piper at the Gates of Dawn, mítico álbum de Pink Floyd. Para esa ocasión, retomaron la mezcla original monofónica aprobada por Barrett y que en su momento fue rechazada. Lo último que pudo conocerse de él fue mediante su página web www.sydbarrett.net

También sus ex compañeros de música y pedaleo supieron dedicar varias páginas al artista, entre ellas la que aparece en Dark side of the moon. 

DAÑO CEREBRAL (BRAIN DAMAGE)  

El loco está sobre el césped.
El loco está sobre el césped.
Recordando juegos y cadenas, margaritas y risas,
logró mantener a los locos sobre el sendero.

El loco está en el vestíbulo.
Los locos están en mi vestíbulo.
El papel sostiene sus rostros envueltos contra el suelo,
y cada día el canillita trae más.

Y si el dique se abre muchos años antes de lo debido,
y si no hay ninguna habitación sobre la colina,
y si tu cabeza explota con oscuros presentimientos,
te veré en el lado oscuro de la luna.

El loco está en mi cabeza.
Los locos están en mi cabeza.
Tú levantas la navaja, tú haces el cambio,
tú me reacomodas hasta que esté curado.

Tú cierras la puerta
y tiras la llave.
Hay alguien en mi cabeza, pero no soy yo.

Y si la nube estalla y sientes un estruendo en tu oído,
gritas y nadie parece oírte.
Y si la banda en la que estás
comienza a tocar diferentes melodías,
te veré en el lado oscuro de la luna
.

Y si me permiten: todos lo veremos en el lado oscuro de la luna, jamás se extinguirá el brillo de un diamante loco. Hasta luego, Syd.

 

 14 de julio de 2006

 SPINETTA EN MONTEVIDEO

 La indómita luz, otra vez

Por Nelson Barceló 

 

- Dentro de cincuenta años no te dirán qué hermosa sos, sino ¡cuánta guita tenés!. Ustedes se ríen, pero hace cincuenta años no pasaban las cosas que suceden ahora.

- Yo no había nacido hace cincuenta años.

-  No, yo tampoco. 

Éste diálogo entre Luis Alberto Spinetta y un espectador refleja el clima que reinó durante su show en el Cine Teatro Plaza. Pan es el disco que presentó el jueves 6 de julio ante un numeroso público que supo atosigarlo con pedidos de canciones pertenecientes a otras épocas. En determinado momento un enajenado reclamó: “Flaco, tocá “Muchacha”; a lo cual Spinetta repondió: “Bueno voy a hacer una versión: “Muchacha ojos de papelera”. Tras esas intervenciones nunca queda claro hasta donde la paciencia del artista tolerará nuevas alocuciones, incluso las respuestas de Spinetta parecen salidas cómicas que ocultan cierta tensión.

Dado lo íntimas y recientes que resultan las canciones de Pan, es natural la exigencia del público que pretende una que sepamos todos. Aunque no es justificativo para el continuo reclamo de algunos que veían a Spinetta como una rockola andante. Sabido es que el público uruguayo pasó de ser el más exigente de sudamérica, a ser, digamos, cualquiera. Así aplaude o abuchea cual perro de Pavlov, respondiendo a los gestos más elementales del artista. De todos modos, no se fueron con las manos vacías, puesto que viejas canciones como “Durazno sangrando”, “Las cosas tienen movimiento” (de Páez), “Kamikaze”, “A Zaratustra el idiota” (del imprescindible Artaud), “La herida de París”, “Sexo” y “No te busques ya en el umbral” (los tres de Spinetta Jade). Así generó un clima que tuvo uno de sus momentos más cálidos mediante la sutil versión de “Laura va” interpretada con el tecladista rosarino Claudio Cordone. De Pan se destacaron “Atado a tu frontera” con el cual comenzó el show, “Qué hermosa estás” y “No habrá un destino incierto”. Otro punto alto fue la banda que acompaña actualmente a Spinetta -además de Cordone- integrada por Nerina Nicotra en bajo y Sergio Verdinelli en batería. Más allá de eso, con la acelerada versión del siempre luminoso “Seguir viviendo sin tu amor” se justificaba toda asistencia al show. Aquella canción de Pelusón of milk (1992), mantiene su magia aún cuando es tocada por una banda que suma mayor potencia y velocidad al tema.

El show reveló la impecable voz que mantiene Spinetta con el paso del tiempo, algunas canciones las canta mejor ahora, contrariamente a lo ocurrido con sus colegas. Eso contribuye a darle un tono entrañable a cualquiera de sus shows, es la misma voz que cantaba “Despiertate nena” hace treinta años atrás. Se mantienen impecables, él y sus canciones que nos recuerdan hoy, vistas las cartas, que “no jugar para el enemigo” ya es bastante.

 

 

ÍNDICE