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MATCH POINT*

Y que Dios reparta suerte

Por Felipe Dupont 

 

Siete semanas de rodaje le alcanzaron a Woody Allen para desarrollar una de sus películas más curiosas desde varios ángulos. Primer film en que Allen instala la acción totalmente fuera de su imprescindible Nueva York, la banda sonora cambia al jazz por la ópera, y a su vez Match Point despega de la decaída artística que caracterizó buena parte de sus últimas películas, desarrollando su talento visual y narrativo que puede tomarse como un ejercicio de género durante el transcurso del film. Con esos condimentos retrata Londres con sutileza, mediante la pareja conformada por una encantadora Scarlett Johansson y Jonathan Rhys Meyers.    

Match Point es la dramática historia de Chris (Jonathan Rhys Meyers), un joven profesor de tenis que pretende mejorar su estatus social a cualquier precio, con todas las terribles consecuencias que aparejará su ascendente carrera. La trama comienza cuando conoce a Tom (Matthew Goode), hijo de una familia anglosajona acomodada y por su intermedio termina enamorando a su hermana Chloe (Emily Mortimer). Ella logra que Chris consiga un empleo más redituable, alejado de las canchas de tenis e inserto en el mundo empresarial. Pero las cosas se pondrán cuesta arriba cuando conoce a Nola (Scarlett Johansson), por entonces comprometida con Tom. Tiempo después Chris se casa con Chloe, y mantiene en paralelo una apasionada relación con Nola, quien por entonces se separa de Tom. Posteriormente Chloe comienza a obsesionarse por tener un hijo con Chris, se someten a diversos tratamientos, pero la aparente esterilidad de Chris se derrumba cuando Nola queda embarazada del ex tenista. A partir de esos encuentros furtivos la suerte se apodera del relato, pero es una fortuna que se tiñe de fatalidad en cada escena. Será la suerte -inseparable compañera de Chris- quien lleve adelante el relato, mientras Allen aborda lateralmente sus tópicos favoritos: la pareja, la infidelidad y la muerte. 

De tal forma que Match Point regresa al viejo Allen bajo otra piel, yendo de la comedia a lo trágico con estimable facilidad. Tal camuflaje demuestra que es un film inteligente, también a diferencia de otras películas de Allen la puesta en escena supera al guión. El modo en que escenifica la trama y la magnífica actuación de Scarlett Johansson disimulan algunas grietas del relato. Desde su alusión al tenis en adelante, la película funciona como una metáfora sobre ese factor decisivo, incontrolable y misterioso denominado suerte; e indirectamente cuestiona nociones tan subjetivas como el éxito y el fracaso.  

* Woody Allen (2005)

 

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