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 NATAS
 El hombre  montaña *

Voy a correr por la ladera

 Por Nelson Barceló

 

Regresan los sonidos del singular grupo Natas, otra vez regados de enigmas, lisergia y densidad. En El hombre la montaña vuelven a coquetear con la locura en technicolor meciendo su péndulo psicodélico. Impresiona menos oscuro y hermético que anteriores trabajos, en parte por el alto número de temas cantados, y su mayor acercamiento al género canción.

El caos no cesa y éste grupo argentino reconocido por pasar para atrás grabaciones del Papa durante sus shows, ahora extiende el largo brazo de la locura a través de sus letras. “La destrucción/ es humo negro/ El humo negro del Vaticano/ Es humo negro”, cantan revolviendo en su obsesión por el nuevo Papa. El tema manifiesta un tono lúgubre, representando lo sucio del Vaticano y la elección del nuevo Papa. Nos remite a aquella designación rodeada de especulación e incertidumbre, donde ni siquiera se sabía qué significaba el color del humo, eso nosotros, claro que los Natas siempre lo tuvieron claro.  El hombre montaña evoca el tono épico desde sus temas, insinúa libertad, fibra y nervio.

Es que no se normalizaron ni mucho menos, continúan desafiando el gusto promedio por medio de un potente sonido acicateado por ritmos enfermos y letras nacidas de diversas tormentas cerebrales. A partir de ello será más accesible para muchos comprender su costado más estrambótico, que ya supieron expresar en temas como “Alberto Migré”. Para aquellos deudos del sonido de Black Sabbath, las nuevas aventuras de Natas cumplirán una vez más con sus demandas; pero la carga de oscuridad es menor respecto a discos anteriores, hasta parece más espontáneo.  

Así suenan en El hombre montaña, menos experimentales pero igual de colgados, mántricos y siempre a punto de estallar. 

 

* En Uruguay este disco se consigue comunicándose con: erdosain@adinet.com.uy

 

 

 

Como se habrán dado cuenta en números anteriores, la redacción de nuestra revista está integrada por fans del catch, y cualquier artículo que fomente nuestro fetichismo al respecto es recibido de buen agrado. 

Eso sucede con el disco Gladiadores del ring, banda de sonido del programa homónimo, donde varios artistas -bajo la égida de Los Supersónicos- homenajean a los distintos luchadores.  

Más allá de la notoria relación que existe entre sus autores y el rock, éste disco aborda un género poco transitado últimamente. El universo de aquello que el mercado discográfico denomina “standard” y se refiere a aquellas canciones que llegan a todos los públicos. Es fácil recordar una cantidad de canciones infantiles que se tornaron clásicas para los adultos y fueron aclamadas por los jóvenes en boliches y cumpleaños de quince. Este disco continúa esa línea y una atenta escucha puede hallar varios guiños cómplices, como por ejemplo los mensajes del corrupto político Armando Puentedura, que pasa desapercibido en el programa dado el vértigo del catch.  

El disco ofrece una sorprendente paleta de ritmos y más de una banda construiría una exitosa carrera en base a algunas canciones dedicadas a duros y paladines. El pop villero de Kapocha se confunde con el rock del clan de “Despeinado José”, la tarantella de Skrotinhos y el hardcore de Motorheart. Lo festivo de las composiciones y el humor entrelíneas que manifiesta es otra de las virtudes que hacen del disco de Gladiadores del ring uno de los regalos para niños que permanece varios días en el cuarto de los grandes.

* Bizarro, 2005

 

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