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 BUNBURY & NACHO VEGAS
 El tiempo de las cerezas *

Dos potencias se saludan

 Por Carolina Bello 

El tiempo de las cerezas es el título del nuevo disco de Enrique Bunbury editado a fines de setiembre. En esta ocasión el zaragozano no viene solo sino junto a  Nacho Vegas, un solista que proviene del indie español y que en los noventas fue parte de bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray. Recientemente el sello argentino Utrapop, editó Desaparezca Aquí, el tercer y último disco en solitario de Vegas. Influenciado por Leonard Cohen, Nick Cave y Bob Dylan, Vegas logra construir una discografía pausada y sin sobresaltos y canta sus canciones con una voz ajada y lastimosa sin la grandilocuencia que de pronto merecerían sus textos. Así como Albert Plá canta “shupamela sólo a mí” con un tono tan infantil como enternecedor, Vegas compone pequeños versos dignos de recordar pero los camufla en sus canciones sin darles preferencias de genialidad. Desaparezca Aquí probablemente tiene en común con El tiempo de las cerezas el ser un disco de canciones que no pretenden ser más que eso, pero el primero tiene de personal lo que el segundo tiene de fresco. 

En Desaparezca aquí hay canciones como “El hombre que casi conoció a Michi Panero” en donde  el chaval o el caballero  intenta “recapitular las hostias que le ha dado el mundo”  en una confesión digna de aquel que asiste a su propio velatorio. Si esto es el final dice “...largo ya de aquí ¿que queréis de mí?, ¿es mi alma o es mi dinero?, si de uno carezco y la otra es una anomalía en esta vida...”, le esgrime  a los invitados de ocasión. 

En un disco en donde las canciones parecen agarrarse a trompadas para sobresalir de entre una calidad que es regla general, “Nuevos planes idénticas estrategias” no pasa desapercibida. Cuenta las historia en primera persona de un tipo que arma un ejército en el Carrefour con el ambicioso plan de sobrevivir. “...Parece ser que fracasé, mi rostro hoy no apareció por televisión. Da igual, yo como buen occidental sé nadar igual que un pez, un pez en un mar de mediocridad. (...) Y sé que no querrás volver a confiar en mí, nadie confía en la energía nuclear después de lo de Chernobyl”, canta Vegas en uno de los paralelismos más acertados que he escuchado en los últimos tiempos. 

El tiempo de las cerezas es un disco doble de veinte canciones que presenta a Vegas como una suerte de “revelación”  y nos muestra a  un Bunbury que ha dejado de lado por completo aquellas metáforas malditas que caracterizaban a sus letras de Héroes del Silencio y que ahora escribe con un estilo más austero, pero no menos significativo. En “Puta desagradecida” le dice a su ¿amada? “no entiendo cómo eres capaz de sentirte peligrosa siendo tan vulgar” y en la misma canción lanza una frase que podría ser parte de un himno generacional: “¿malas noticias? Hay que cargarse al mensajero”.  Bunbury se para y enuncia sus canciones desde un lugar que toma distancia de aquellos caminos del exceso que caracterizaron otras épocas y asume su “Ahora” en una canción así titulada. “Ahora que el tiempo ha pasado y he dejado de lado la competición, ahora que no pueden hacerme daño, ¡que aburrido!, ¡que desgraciado!” 

El tiempo de las cerezas es un disco de melancolías descreídas y de algunas convicciones remanentes. Un puñado de canciones que tenían que existir. En fin, ya saben, dos potencias se saludan, como caballeros o tal vez chavales.

* EMI, 2006

 

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