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ORLANDO FERNÁNDEZ
Bajista de Buitres 

Un buen muchacho con mala fama

Por Damián Pérez 

Orlando Fernández es actualmente el nuevo bajista de Buitres.  Tal vez sea el más buen muchacho del rock uruguayo, a pesar de -ironía de la vida- no integrar dicha banda junto con sus hermanos Pedro Dalton y Marcelo Fernández.  Desde principios de los ‘80 ha formado parte de un número elevado de bandas tan disímiles entre sí como:  Los Inadaptados de Siempre (para la banda de sonido de la película documental 'Mamá era punk'), Estados Alterados, Cadáveres Ilustres, La Tabaré, Exilio Psíquico, Rouge y Syvila Vain, además de haber colaborado con Silvia Meyer, Laura Gutman, y por supuesto, nobleza familiar obliga, con Buenos Muchachos.     

¿Cuáles son las primeras instantáneas que te vienen a la mente del rock uruguayo de principios de los '80? 

Lo primero que me acuerdo es de Cabaret Voltaire, que para mí fue una experiencia que estuvo buenísima. Me viene un montón de imágenes, un montón de grupos que había en aquella época, que ya no existen más y que empezaron con nosotros, con Cadáveres. Nosotros debutamos en El templo del Gato como pila de bandas por el año ‘84.  En realidad yo arranqué en un grupo que se llamaba Estados Alterados, esa fue mi primera banda por el ‘82. Ya había visto a Los Estómagos en un recital en Pando, que me arrancaron la cabeza y me junté con unos amigos para armar una banda. Los Estómagos nos dieron una mano, yo era amigo de Gabriel, del Gordo y del Hueso. A través de ellos llegamos a Palacio para participar en una ensalada, la famosa “Graffiti”. Y justo nos separamos y no llegamos a grabar nada. Eso fue con Estados Alterados. Luego empiezo con Cadáveres Ilustres, estuvimos un año y pico ensayando, hasta debutar en El Templo del Gato.

Es la historia común de varios grupos:  ver a Los Estómagos y decidirse por armar una banda… 

Claro, para nosotros era un referente obligatorio y para muchos grupos también. Recuerdo un montón de bandas: Titanic 3, El Puticlub, ADN,  Neoh 23. Estaba bueno, la época se daba para eso. Estábamos a fines de la dictadura, éramos adolescentes, yo por esa época tenía 17 años, no teníamos idea de nada, no nos importaba mucho nada, mezclábamos muchas cosas, íbamos a peñas de canto popular, había mucha energía de tocar, la gente se juntaba en la casa y enchufaba los equipos, la idea era expresarse de alguna manera, era lo más importante. Fue más o menos el espíritu del punk cuando empezó, salvando las distancias, porque acá no teníamos una historia musical de rock de Uruguay, nosotros tuvimos un bache en ese sentido, somos hijos de música de afuera: The Cure, Sex Pistols, Bauhaus, Joy Division. Nuestros referentes locales eran Los Estómagos. Eran referentes de nuestra misma edad, yo no crecí escuchando a Los Shakers o a Psiglo. Para nosotros fue un corte, no sabías a qué atenerte, te desubicaba un poco. Fui a ver un montón de cosas, a Barón Rojo, a  Paul Williams. Ibas a ver lo que podías. 

¿Participaste en discos de Los Estómagos? 

Como amigos de ellos, fui a la grabación de su primer disco (Tango que me hiciste  mal…), canté algunos coros en “Torturador” junto con mi hermano Pedro. Viví toda la grabación. Los Estómagos entraban a grabar a los estudios de La Batuta en el Palacio Salvo a las 11 de la anoche y estaban hasta la madrugada. Había mucha libertad de probar cosas y estaba todo bien, hay temas muy extraños. Creían que no iba a pasar nada. Ellos no pensaban que fueran a seguir grabando, creían que iba ser su único disco. Después se empezó a mover la cosa. 

¿Vivías la rivalidad que había en el público entre Traidores y Estómagos? 

El primer disco de Traidores es uno de los mejores discos de todas las épocas de acá. Es un discazo. Yo no compartía la rivalidad del público, eso me desagradaba un poco, estaba en contra. Iba  a ver grupos que no tenían nada que ver. Todos los grupos de acá nos conocíamos, ibas a ver a Ácido y estaba todo bien. 

¿Qué conclusión sacás de esa época? 

Muchas de las cosas que hay hoy en día se basaban en eso. A pesar de no tener una continuidad musical, yo creo que el rock nacional tiene una continuidad en letras. Capaz que sueno petulante pero bandas como Los Estómagos, Traidores, Los Tontos tienen mejor calidad que muchas de Argentina. Esas bandas hicieron la base para  lo que es la música  de hoy. En el tema de letras y música me parece que a Argentina les rompemos el culo, me parece de mejor nivel. 

¿Se perdieron cosas con el paso del tiempo? 

Siempre algo se pierde. Lo que pasa hoy en día con el rock es que da mucho dinero, en aquella época no había dinero. Al haber dinero se pueden generar muchas cosas. Los intentos de hacer el Montevideo Rock no daban guita.  Eramos incontrolables. No servía. 

¿Hubo personas que se aprovecharon? 

Capaz que soy demasiado bueno, no sé si se aprovecharon del rock, es como todo, hubo gente que quiso hacer algo y lo hizo mal. La caída fue por las bandas, la inexperiencia de los productores, de los realizadores de espectáculos. Y como no interesaba, no valía la pena. En un momento parecía que el rock explotaba, pasaban un par de meses y terminaba en nada. Hoy en día lo que está pasando es que hubo una explosión pero a otro nivel. Las bandas están mucho más maduras, hay una preocupación general, van para afuera. Hay mucho dinero ahora y eso está bueno porque le da posibilidad a las bandas que vienen de abajo. La gente se está acostumbrando a ir a ver bandas. Si vos tenés una banda chica podés ir a tocar a BJ con la sala llena.    

¿Cómo fue la grabación del disco “Mala Fama” de Cadáveres Ilustres? 

“Mala Fama” es del ‘87-‘88, nosotros no llevábamos control de nada.  El disco lo produjo Renzo Teflón y salió por Palacio (Orfeo), donde ya habíamos estado en dos ensaladas. Teníamos instrumentos de porquería, y queríamos a alguien con experiencia para grabar. Con Renzo éramos muy amigos, él ya había tenido éxito con “me encanta el puré(Himno de los conductores imprudentes). Fue una situación extraña porque en principio iba a salir un LP en vinilo y terminó siendo un disco corto y en casete. Lo tocábamos en Juntacadáveres, y en otro lugar en Brandzen y Pablo de María del que no me acuerdo el nombre (N.de R.: El perro azul).  No importaba quién tocaba, vos ibas a ver bandas. 

En la vuelta de Cadáveres Ilustres en el 2000 pasaron por Perdidos. 

Perdidos era distinto. Era un lugar de música, estaba bueno todo, el respeto que se tenía a los músicos por parte de Thomas, el dueño del local. En Juntacadáveres se tocaba en el piso hasta que un día pusieron una tarima, en Perdidos el escenario estaba frente al público. Eso ya era distinto. 

¿Por qué se separaron los Cadáveres? 

Con Cadáveres después de El cielo está cayendo vino una época mala que provocó mucho desgaste y decidimos parar la pelota.  No sabíamos a dónde queríamos ir y eso afectó lo compositivo. Yo ya había empezado a tocar con  Exilo Psíquico. El año en que salió El cielo está cayendo ya había empezado a tocar con Maxi Angelieri. Fue un año en que toqué mucho, todos los fines de semana, con las dos bandas. Estaba buenísimo. Había como más movida.  

¿Cómo se pasa de una banda de raíz rockera a un proyecto experimental como Exilio Psíquico? 

A mí lo que me fascinó de Exilio Psíquico fue lo extraño del proyecto. A Maxi lo conocí a través de mi ex novia.  Él fue a ver a Cadáveres en un recital espantoso en La Candela donde se quedó decepcionado, empezamos a charlar, me mostró las canciones que tenía y probamos en tocar juntos. Nos fuimos fascinando uno con el otro. No quiero parecer pedante, pero nadie tocaba con máquinas acá, éramos dos, salíamos disfrazados. Era algo distinto, una estética totalmente nueva, me fascinó todo eso. A su vez manteníamos un espíritu punk. Además Maxi es un tipo que labura mucho, la banda  disparó en muy poco tiempo.  El primer disco se vendió muy bien dentro de lo que era el rock uruguayo en ese momento. Era una banda extravagante, no la pasaban por la radio, pero igual nos iba bien.   

El público de Exilio Psíquico no parecía ser solamente de la extracción del rock… 

El público era de todo tipo. Recuerdo gente del metal como “el Peruano” y “el Chupete” (Chopper) que nos iban a ver porque les encantaba, nos iba a ver gente muy distinta. Lo que aprendí en todos estos años es que lo bueno es cuando te aman o te odian, ahí pasa algo con la banda. Cuando estás en el medio está todo mal, no pasa nada. En algún momento fuimos una banda de moda, a nivel de banda de culto, no a nivel masivo.  Cuando fui a España con los Buitres había gente que me hablaba de Exilio Psíquico. 

Incluso fueron una banda que fue evolucionando en su integración. 

Hubo un momento que Maxi me habló de Popo Romano y Gustavo Etchenique, que los había visto tocar con Leo Maslíah y le encantó la música que hacían. Entonces decidió que quería invitarlos a tocar, pero a mí me parecía que les iba a parecer una porquería lo que hacíamos.  Le dije: “te van a mandar a cagar, esos tipos tocan con Jaime Roos”. Al final terminamos siendo muy amigos, son gente maravillosa, fenomenal. Se sumó Riki Musso, Fernando Nottaro y Jorge, que tocaba el violín junto con Marcelo (Fernández) y con el Topo (Gustavo Antuña) en Ojos del Cielo. Nos encantó cómo quedó la banda. Lo que pasó después fue que no supimos darle un final a eso que se armó con el concierto Sin luz, sin gas y sin teléfono.  

Hace un tiempo Maxi volvió a Italia, ¿aún mantenés tu relación con él? 

Sí, con Maxi nunca nos peleábamos, nunca, en cambio con Cadáveres sí era común. Con Maxi íbamos a Buenos Aires en Cacciola, dormíamos en el piso, pasamos muchas cosas juntos y nunca nos peleábamos. Maxi salía a pegar afiches a las cuatro de la mañana, yo no podía acompañarlo porque laburaba temprano. Él metía mucho, decía que Exilio Psíquico era la mejor banda del Uruguay, estaba convencido de eso, y convencía a la gente de eso, lo que era maravilloso. Al final hicimos una gira por las Facultades, pero fue un desastre. No había producción como ahora, no se combinaban los shows, contamos con algunos auspiciantes pero estaba mal organizado y nuestros últimos shows fueron en el Planetario y en la sala Zitarrosa con los toques de la X.  Pero no hubo ninguna pelea. 

Entonces volvieron los Cadáveres… 

Sí, volvieron los Cadáveres con dos toques en Perdidos en un fin de semana, surgió de manera espontánea un día que estábamos tomando y dijimos “vamos a juntarnos”. Marcelo estaba con Buenos Muchachos y no podía seguir con nosotros. Empezamos a trabajar  fuerte, pero al final queríamos seguir tocando y no había gente, no había plata.  Me puse muy mal, no quería saber nada con la música, era el tiempo de la crisis en el 2002, y me fui para España. Acá estaba todo mal, hablabas con la gente y te deprimías. Yo soy un tipo que le gusta estar para arriba y me fui. 

Antes de irte para España grabaste un par de canciones… 

Un día me encuentro con Gastón Ackerman, nos ponemos a charlar y me invita a grabar en el estudio algunos temas que tenía compuestos con la guitarra para un proyecto que llamé Syvila Vain en España para un concurso, es una mezcla entre lo que fue Exilio Psíquico y Cadáveres. Y quedó el demo con cuatro temas que anda bollando por la vuelta. 

El rock pos-dictadura en Uruguay tuvo innegables influencias del rock español. ¿Con qué te encontraste allá que te interesara?  

La música de España está realmente out. El rock está muerto. No hay bandas como había en aquella época. A nivel de famosos te estoy diciendo, a nivel del under quedan bandas buenas, a mí me gustó mucho Los Planetas, por ejemplo. Pero actualmente en España la música es Bisbal y La oreja de Van Gogh. Había una gira de Jaime Urrutia junto con Loquillo, Bunbury y Calamaro pero no llegué a verla. En realidad me tomé con mucha calma mi estadía en España. Toqué con amigos, grabé muchísimas cosas en mi casa con la computadora, pero no me moví mucho. Estuve más trabajando que preocupándome por la música. Me sirvió mucho para llegar acá con otra energía. 

Cuando volvés, ¿con qué mundo musical te encontrás? 

Cuando volví me llamó Laura Gutman (ex baterista de Buenos Muchachos) para hacer unas grabaciones y ver qué me parecía. Recién llegado, estaba todavía un poco descolocado y entusiasmado por hacer cosas. Entonces grabé en el disco de Laura, que no sé si llamarlo disco porque en realidad no lo editó, sino que se lo entregó a los amigos.  

¿Cómo te sentís de que dos bandas tengan en su repertorio desde hace un tiempo el tema “Milagros”, compuesto por vos? 

Yo compuse Milagros hace unos años, en la época que estaba con Cadáveres. Son esas cosas iluminadas que te deben pasar muy pocas veces en la vida. Recuerdo que tenía la computadora en el altillo, recién estaba aprendiendo a trabajar con ella y grabé dos canciones. Una fue Milagros, agarré la guitarra española y me salió, empecé a jugar con la melodía y lo que yo siempre digo es que cuando la hice fue imitando a Pedro, la voz de él. Incluso no tengo la grabación original, soy un desastre para guardar las cosas, pero es el mismo estilo de cómo canta él y la dejé ahí, y luego la empezamos a ensayar con Cadáveres.  Cuando estaba en España, me llamó Marcelo, me preguntó si me molestaba que tocaran Milagros en el Galpón y le dije si estaba loco, que obvio que no. Ojalá hubiera estado ahí para verlo, me mandaron fotos, al final no lo pude ver por Internet porque no lo pasaron por no sé que problema con la línea de teléfono.  Cuando me fui de Cadáveres aclaré que Milagros y otra canción que había compuesto, que al final salió en el último disco de Cadáveres, me las quería quedar. Lo que pasa es que en la banda todo lo que se componía pertenecía a todos, a la banda en sí. Yo tengo la idea que cuando se hace una canción, la canción es de la banda, la canción puede incluso estar buena y ser la banda la que la destruye.  Incluso la grabación que hice con Syvila Vain tiene Milagros, donde invité a mi hermano Pedro para que la cantara y salió en la banda de sonido de Alma Mater. Me saqué las ganas. Si cuando la compuse la canté como Pedro, entonces debía invitar a Pedro para que la cantara conmigo. Y la sensación de que la toquen las dos bandas es un orgullo, como le debe pasar a cualquier persona. Igualmente creo que Cadáveres la está tocando menos. Además creo que lo que pasó es que la canción trascendió a las bandas, me ha pasado que personas digan qué buena está la canción pero no saben a quién pertenece, no la asocian con Buenos Muchachos ni con Cadáveres Ilustres. Tal vez con Pedro la asocian. Incluso los Buenos Muchachos la grabaron en su nuevo disco. 

¿Cómo se dio tu ingreso a Buitres? 

Un día iba a grabar con Laura y me encontré con Gabriel (Peluffo), a quien hacía fácil 10 años que no lo veía, y nos quedamos conversando y hablando de nuestras cosas. Mi hermano Marcelo un día fue a Coutinho, y Luisito (Machado) le dijo que el gordo (Parodi) le había comentado que estaban buscando bajista, porque el Pepe pasaba a la segunda guitarra, entonces mi hermano le dijo que se acordara de mí, que estaba sin banda. Marcelo no me comentó nada de todo esto, pero al tiempo recibo una noche la llamada de Gabriel que quería saber en qué andaba, si estaba tocando con alguien. Le conté que estaba haciendo poca cosa, casi nada, revolviéndome  en lo que podía. Entonces me preguntó si quería entrar a tocar el bajo en los Buitres y lo primero que me salió es: “me estás jodiendo”. Tuvimos una charla y empecé a tocar en el grupo enseguida. Ellos estaban ansiosos por ver los cambios y a mí me vino muy bien, estuvo buenísimo.  

¿Cómo seguiste la trayectoria de Buitres, sabiendo que muchas veces los que son fundamentalistas de Los Estómagos reniegan de Buitres?

En realidad a mí Buitres me encanta. Pero no tienen comparación con Los Estómagos, son cosas distintas porque son diferentes las épocas. Yo fui a la presentación de los Buitres en Laskina porque éramos amigos y he seguido la carrera de ellos. Quizás no de la misma manera en que seguí a Los Estómagos, por eso mismo que te decía que eran épocas distintas. En los 10 años de Buitres estaba en el público y en los 17 estaba en el escenario. Seguí la carrera a través de los discos, y me faltaba escuchar Mientras y Periplo cuando me junté con ellos.  

¿De qué manera te unís a la banda? ¿Vas aportar en lo compositivo? 

No, no. Creo que se va a dar con el tiempo. Hay que entender que me uno a una banda que tiene mucho tiempo de estar formada y de componer juntos. Me han tratado muy bien y he entrado muy fácil, seguramente por la relación de amistad que había me han hecho sentir integrado. Y mirá que es muy difícil entrar en una banda que lleva tanto tiempo tocando juntos, pero ellos me lo hicieron fácil. Lo demás se va a ir dando. 

Hay bastante expectativa de ver qué resulta de Buitres como quinteto… 

Es que yo creo que Buitres sigue funcionando como trío compositivo en el sentido general. El Pepe ha aportado su sonido de guitarra y es un guitarrista nato, toca muy bien. El gordo lleva 20 años tocando solo. Es muy difícil acostumbrarse a escuchar otra guitarra. La banda se va a definir cuando se empiece a componer el disco nuevo. Ahí se va a apreciar cómo funciona Buitres con dos guitarras. Igualmente el espíritu de la banda se va a mantener. Pero seguramente dos guitarras te dan otras posibilidades de laburar las canciones. 

Y la música que vos compongas, ¿en dónde la vas a volcar? 

Me lo he tomado con mucha calma. Con Buitres tengo todo el tiempo ocupado. Lo que estoy haciendo ahora es armar una especie de disco con un amigo, Santiago, que es el bajista de Rouge. Vamos armando el disco de a poquito porque los dos estamos muy ocupados. La idea es armar una página web, si es que puedo, para colgar el disco ahí y que la gente se lo baje. No puedo permitirme otra cosa en este momento. Este año con Buitres vamos a estar tocando, tal vez nos vayamos a España de nuevo, falta confirmar las fechas. A su vez estamos con batero nuevo, Roberto Rodino, que tiene que aprenderse las canciones.  

¿Cuándo sale el disco nuevo de Buitres? 

No sé cuándo vamos a componer. Quizás después de mitad de año y retomaremos en verano. Está complicado en cuanto al tiempo. Además aquellos están con una cabeza de no excederse, están muy cansados. Hay que tener un tiempo para descansar.

 

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