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A LO SUMO
 

Por Nelson Barceló

   

Es lo que tiene Sumo, uno jamás deja de reincidir en esos sonidos que marcaron los ‘80s, y tras la disolución mantuvieron su influencia sobre las siguientes generaciones. Es que el abanico de ritmos propuesto por Sumo, abrió camino a los mejores reggae que se escucharon por estos lares, producto del paladar exquisito de Prodan, quien gustaba del reggae combativo que editaba el sello Front Line. Esas fulminantes líneas de bajo que tocaba Arnedo, y tan bien completaba Luca componiendo letras como No Good de Llegando los monos. En ese disco se destaca la participación de Ricardo Mollo junto a Alberto “Superman” Troglio, ambos fueron los últimos en incorporarse a Sumo y despliegan su técnica en ese “caos con orden” tan característico del grupo.  

NO GOOD

Llegando los monos, 1986 

No Good es la frase que repetía el padre de una novia que por entonces tenía Prodan: “Ese chico no está bien”. Incursionando en una temática tocada con frecuencia por distintos músicos de rock, generalmente odiados por sus suegros. Desde los Stones pasando por Loquillo y Togloditas, todo rocker destinó algún verso a los comentarios adversos de sus eventuales suegros. Basta con escuchar el saxo afiladísimo de Pettinato al comienzo del tema para comenzar a echarse pa’ tras, sentirse reconfortado (o quizás emparentado con la letra); y pensar con una leve sonrisa: “¡Y sí!, qué vachaché; podría ser este, o aquel o ninguno. Y, nena, me dejo llevar”.  

Con No Good hoy cualquier banda pararía la olla, de ahí al disco en vivo. Uno de los mejores reggae que escuché por acá (sí, los otros también los hizo Luca), y en un disco que no se caracterizaba precisamente por incursionar en esos ritmos. De hecho, Rollando y No good son los únicos regaee que integran Llegando los monos.

 

NIGHT & DAY 

TELÉFONOS / WHITE TRASH  

Corpiños en la madrugada, 1983 (editado pos fallecimiento de Prodan y disolución del grupo) 

Pero la capacidad de seducción del grupo abarcaba otros horizontes, y desde la reedición de Corpiños en la madrugada nos topamos al comienzo con un ritmo machacante en un notable in crescendo que edifica Night & Day. Induce a un clima sombrío, con ruidos espaciales y el enigma aumenta hasta distenderse cuando alude a Ho Chi Min y Luca junta los pedazos de la noche anterior. 

Es sencillamente hipnótico, extraño, con un constante sonido de tráfico, ni un Escribano me quitaría la sensación de que explotaban cometas alrededor de la banda, o al menos eso creían ellos.

Con Corpiños en la madrugada nos aproximamos al sonido del grupo en sus primeros tiempos, pues fue registrado originalmente en 1983. En ese disco graban algunas canciones que Prodan compuso en Europa, es el caso del desolador Teléfonos que suenan en habitaciones vacías/ White trash, que al igual que tantos temas magníficos se quedó a vivir en el track 4 del cidí*.  

Lo tedioso y solitario de su vida en Europa se refleja en las dos partes del tema donde tanto hastío le lleva a ver “la tristeza de una estrella muerta hace tiempo en la trasnoche de TV”. Prodan reveló su hastío con un título estremecedor como Teléfonos que suenan en habitaciones vacías y lo anexó a un asunto (la popular White trash) que alimentaba tanta ausencia cuando “cae la noche en ciudad insecto”. Así logró transformar el dolor en una conmovedora canción desesperada, donde sobrevuela el fantasma de Nick Drake. 

El Corpiños en la madrugada tiene por bonus las versiones de temas que posteriormente formarían parte de otros discos de la banda. Suenan más minimalistas, rústicos y revelan la clara influencia de la new wave en Sumo. Es el caso de Divididos por la felicidad donde inmortalizó aquellas palabras: “Agosto”, “Perra”, Puto” que tanta gracia le causaban a Prodan dada su fonética. Algo similar sucedía con Nesquick que daría lugar a Nextweek y “Cucurucho” también invocado en alguna canción. Es rescatable que lo lúdico tenga lugar en las composiciones del grupo, jamás pierde el sentido del humor que sabría explotar durante la improvisación que dio cabida a Hola Frank, todo una oda a Zappa.

 

DIVIDIDOS POR LA FELICIDAD

Divididos por la felicidad, 1985

Pero Divididos por la felicidad implica un homenaje a Joy Division, es el primer disco oficial de la banda y posee una letra magnífica donde Prodan sigue construyendo al anti-héroe. Se anuncia como el tipo que anda rompiendo vasos en cuartos ajenos, rememora los buenos y hermosos tiempos, pero no olvida la soledad de la qué tanto habla en Teléfonos/White Trash. Y otra vez nos recuerda a nosotros mismos cuando entre tanta trampa sentimos: “Si yo tuviera un Máuser, les dispararía a todos los que se me cruzan”; y “si no entendés el sentido/ Mirá mis cicatrices”.

 

MAÑANA EN EL ABASTO

After Chabón, 1987

La escena de Prodan, con su estupenda entonación le permitían otra vez mostrarse cándido, reflexivo, melancólico o violento, y desafiar cualquier métrica. Un ejemplo de su sensibilidad es Mañana en el abasto; años atrás durante una entrevista** Tussi Dematteis de La Hermana Menor, manifestaba que la mejor canción de rock en castellano la compuso un italiano, y era Mañana en el abasto de Sumo. Allí reparaba en versos como: “Me pelé por mi trabajo”, en alusión al look rockero institucionalizado, profesionalizado. Cada línea de ese tema es imperdible, desde una poesía costumbrista nos describe como nadie el abasto,¡y lo consigue un italiano en el abasto! 

La distancia, el humor ante lo nuevo que se presenta más absurdo ante ojos extranjeros, y su curiosidad nos regalan una gema del rock donde en la tierra del héroe patrio, Prodan le recomienda a una chica: “No vayas a la escuela/ porque San Martín te espera”. Algunos ven al final del tema una conexión con la muerte de Prodan que se despide diciendo: “y yo me alejo más del cielo, y yo me alejo más del suelo/ ahí escucho el tren/ estoy en el subsuelo, estoy en el subsuelo”. 

Otro track cuatro***, y van... Mañana en el abasto es una colección de postales que ilustran la decadencia del abasto, lo rutinario del sitio (“piensa siempre más y más/ será por el aburrimiento”), y dice como nadie “calle con arbóles” mostrando una vez más sus galones como prestidigitador de la palabra. En el sonido del contrabajo de Arnedo notamos la trascendencia de todas las piezas que integran Sumo. Esa sumatoria de capas de sonido creadas bajo la única directiva de: tocar hasta que sangren los dedos y que esa música tenga sentimiento” (sic).  Así logró que la música sea tan avasallante como sus letras o la misma escena. Si no recuerden aquella noche donde siendo perfectos desconocidos, tocaron en un festival con otras bandas entre las que se encontraba Riff. Allí ante el grito del público: “Y dale Pappo/ dale/ dale Pappo”,  Prodan arremetió diciendo: “¿Quién es ese Pappo? Para que sepan yo a ése le juego una carrera tomando ginebra, cuando él quiera”.

 

NO MÁS NADA

Fiebre, 1989 (editado pos fallecimiento de Prodan y disolución del grupo)

Luca da la sensación de estar de vuelta de tantos lados, forjando un carácter que le posibilitaba cerrar cualquier discusión con su lapidario: “Son unos nenes de mamá”; así cimentó No más nada, grabada en 1986 en el estudio que tenía la banda en Hurlingham.  

Semanas atrás un amigo me contó que pensaba versionarla para un disco a concretar algún día, y te estremece sentir que entre tanta ambigüedad alguien se conecte tan fielmente con el espíritu de una canción que incluso quedó fuera del Llegando los monos. Es una canción digna de cualquier treintañero de vuelta (más o menos) de una vida disipada: “No más/ No más nada/ Digo que no más/ No más nada/ Porque estoy de regreso de la luna”.  O cuando canta: “No sé cuándo es el momento de cambiar/ El cambio llega ahora mismo/ Puedo sentir cómo vibra la tierra”. Para quienes ni siquiera arribamos a los treinta puede sonar como presagio, aunque quién sabe si alguna vez regresaremos de la luna, quizás guardemos el boleto de vuelta bajo la almohada. 

Sobre una base que suena tan simple, Luca nos hace vibrar otra vez mientras canta: “Quédate conmigo (como dice la canción)/ Quédate conmigo (como digo yo)”. Sea punk, reggae, disco, funk o una simple balada, todo lo que Prodan toca te hechiza, o mejor: eriza. Está el sentimiento por encima de cualquier composición, escribe con su sangre y como reza el póster, no pierde la ternura.  

Claro que dejamos hermosas canciones afuera, no podría pasar desapercibido ese himno generacional -de los ‘80s para acá todos sentimos algo así-, que es Lo quiero ya. Ni hablar de otra consigna repetida cual loop: “yo estoy al derecho/ dado vuelto estás vos”; o la resignificada Heroína que Prodan dedicó varias veces a su hermana y su cuñado, donde aún desde el dolor mezclaba aquello de: “Soltate con Wellapon soltate”. Apelando a su característico sentido del humor, aunque sea en medio de una canción con tantas connotaciones trágicas. Y conste que no aludí a Brilla tu luz para mí, eso lo saben todos. 

 

*Teoría personal que no estoy dispuesto a explicar públicamente en mi sano juicio.
** Deltoya Número Cero

***Sí, sí, claro, son locuras mías. 

 

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