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Y...  DÓNDE ESTÁ EL CIENTÍFICO?
A propósito de la campaña pro papeleras

Por Celio Estévez (Desde Mercedes)

Desde el año pasado se difunde por televisión, prensa y radio una campaña publicitaria destinada a apoyar los emprendimientos de las empresas Botnia y Ence, que construyen dos enormes plantas de elaboración de pasta de celulosa en las orillas del Río Uruguay, muy cerca de la ciudad de Fray Bentos, en el Departamento de Río Negro. Desde que se habló por primera vez sobre la posibilidad de instalar estas dos gigantescas fábricas, se alzaron voces a favor y en contra de las mismas. Generalmente quienes están a favor, hablan de empleo para miles y miles de personas, y de que las plantas no son contaminantes, y que si contaminan bueno, pero dan trabajo. En el otro lado están quienes, habida cuenta de los enormes niveles de contaminación y los desastres ecológicos que han provocado este tipo de plantas en el resto del mundo, se oponen tajantemente a que envenenen el agua y el aire que los rodea, entre ellos varios y reconocidos científicos, especialistas en la materia. 

Además de esto, a la potencial contaminación se le suma el monocultivo de eucaliptus para proveer de materia prima a estas industrias, lo cual acarrea, entre otras cosas, un brutal empobrecimiento del suelo. Dos generaciones de eucaliptus convierten en prácticamente estéril al mejor de los suelos, y deben pasar muchos años para que algo vuelva a crecer en esas tierras. Por otro lado tenemos las cifras mentirosas de la generación de empleos, ya que las mismas empresas llegaron a hablar de hasta 13.000 puestos de trabajo, algo bastante reñido con la realidad, más tomando en cuenta que, luego de finalizar la construcción de las fábricas, las mismas no necesitarán más de 300 operarios. Las fuentes de trabajo que genera son menores a las que se generaría, por ejemplo, si en la misma zona se repartiera el campo y se fomentara la producción familiar, ya sea en chacras o tambos. Trabajaría más gente por más tiempo, las ganancias no se irían a bolsillos extranjeros, y el impacto ambiental sería muchísimo menor. Ah, la inversión necesaria para hacer una cosa así también es mucho menor a la que se necesita para construir estas fábricas. Hay además una realidad de zona franca, por lo cual estas multinacionales no pagan impuestos; los camiones con troncos destrozarán los caminos vecinales que son transitados por los vecinos que sí pagan los impuestos, entre otras cosas, para que los caminos estén en buen estado. Como se ve, el tema tiene muchísimas puntas, y eso que dejamos de lado la política nacional e internacional, los cortes de ruta desde Argentina y a nuestro presidente diciendo públicamente que las plantas “no van a contaminar”, lo cual es un acto por lo menos irresponsable, ya que toda fábrica contamina en mayor o menor medida.  Intereses económicos, políticos, empresariales y ambientales se mezclan y confunden en un mar de información.   

Acerca de la contaminación, el estudio de impacto ambiental fue realizado por la misma empresa, y casualmente tuvo resultados muy favorables a sus intereses. Un estudio posterior realizado por la Facultad de Ciencias en el cual se concluye que habrá una enorme contaminación, fue puesto en segundo plano tanto por el oficialismo, la oposición y los medios de comunicación. 

Y hablando de los medios de comunicación, estas dos empresas han invertido miles y miles de dólares en propaganda. En varias de ellas, muestran básicamente lo buenos que son, y cuánto les importa el medio ambiente. Vieja estrategia que llega a hacerse intolerablemente obvia. Hay que “prevenir los incendios forestales” para cuidar a la naturaleza, esa que tanto nos da, che. O si no invitan a niños de las escuelas a visitar la “reserva” de fauna autóctona que una de las empresas construyó en su predio, con el único objetivo de hacer marketing. También a veces donan alguna cosita a alguna escuela o institución necesitada. Hombre, que con limosnas también se gana el cielo. Existe una estrategia propagandística muy bien pensada, que ataca por varios frentes. 

 

Pero en medio de todo esto llama la atención la publicidad que realiza el Instituto de Ciencia e Investigación de la ciudad de Mercedes, apoyando estos emprendimientos. Los avisos, sobre todo los spots televisivos, tuvieron un impacto considerable en el público. Eran avisos donde se hacían entrevistas “casuales” a transeúntes que daban argumentos a favor de la instalación de las pasteras. Lo que llamaba particularmente la atención era el nivel de información, la forma de argumentar y el destacable vocabulario del “ciudadano común”. Estos avisos eran sin dudas los más agresivos de toda la estrategia mediática de estas empresas. Eran los únicos que contestaban directamente a los argumentos esgrimidos por quienes estaban y están en contra. Inteligente decisión: no eran las empresas las que contestaban y confrontaban, sino que otros lo hacían en su nombre. De última, si la cosa no salía, el fusible que saltaría no serían las empresas y su nombre, sino, en este caso, el Instituto de Ciencia e Investigación. 

Pero estar en la primera línea de fuego, ser carne de cañón empuñando una bandera que no es tuya, no es gratis. Incluso si estás convencido de que también es tu guerra, por lo menos te van a tener que dar algo de comer para que salgas a pelear. Porque si no la cosa no cierra: ¿cómo puede hacer una pequeña empresa para invertir miles de dólares en la emisión de estos avisos a nivel nacional? Y si contase con ese capital y lo hiciera:  ¿qué le devuelve este gasto? 

Muy interesante resultaría saber bien de qué se trata este Instituto de Ciencia e Investigación. Primero que nada, se trata de una pequeñísima empresa que solo tiene 5 empleados, contando la recepcionista. Básicamente es un instituto de computación, donde te enseñan diseño gráfico, operador Windows y etcétera. Además de esto hacen servicio técnico y venta, es decir, te venden y te arreglan la computadora. ¿De dónde viene entonces el nombre de la institución? ¿Dónde está la investigación al servicio de la ciencia? La respuesta estaría en su dueño y director. 

A continuación extractamos partes de una extensa entrevista que le hizo un medio de prensa de la ciudad de Mercedes, el semanario Entrega 2000, realizada el 18 de agosto de 2006, para conocer con nombre y apellido quién le hace los mandados a Botnia y Ence.  Con ustedes, el señor Jorge Balseiro Savio

Periodista: Seguimos en la lucha?

Balseiro: Sí, porque quiero ver trabajar a la gente. Porque no puedo ver desocupados. Porque nunca voy a dejar la trinchera que desde los 12 años ocupo intentando abrirme camino, y dar todo lo que pueda. Ya en aquel entonces daba clases de francés para poder ir al cine, o comprarme un disco de ‘78 de jazz viejo, o un libro. Hasta que ya con 18, el director del liceo me dio la posibilidad de dar clases de astronomía... ¡y hasta la Inspección de la asignatura no paré!

Periodista: ¿Y ahora?

Balseiro: Volví a mi primer amor, el periodismo. Sin abandonarme en lo otro. Y sin querer me transformé en un referente en el tema forestal... 

Sabemos sobre su carrera docente. Convengamos que en cuanto a la astronomía Jorge Balseiro sí goza de reconocimiento. Pero de ahí a ser especialista en lo forestal hay un trecho largo. 

Periodista: Aquellos spots televisivos fueron un impacto...

Balseiro: “Vaya que lo fueron, ¡todavía se habla de ellos! Y hay tantas historias para contar... desde gente que arrimó su apoyo económico hasta medios de prensa que apoyaron abiertamente el emprendimiento. Aún hoy me emociona. Si me impresionará que hasta los “ambientalistas” me aplauden. Porque el cortometraje que hicieron contra las plantas, termina con un trozo del nuestro, donde se siente: “Los uruguayos somos los más interesados en preservar el medio ambiente, porque vivimos y trabajamos aquí, además confiamos en nuestros técnicos, en nuestros profesionales y en nuestras instituciones científicas. Rechazamos la prepotencia y la violencia”. ¡Perdón si al evocarlo se me pianta un lagrimón!. Porque es el momento del cierre o final del cortometraje y allí se supone, ¡los ambientalistas aplauden! Aplauden a ICI y a su gente,¡carajo! Qué lo parió Mendieta, diría Inodoro Pereyra...   

En primer lugar surge la pregunta de quién arrimó su apoyo económico. En segundo lugar, es lógico que muchos medios, a los cuales Botnia y Ence aportan miles de pesos en publicidad, apoyen ‘abiertamente’ el emprendimiento. Luego menciona un cortometraje realizado en contra de la instalación de las plantas, en el cual, en tono de denuncia, se finaliza con el mismo final del aviso de ICI, aludiendo a que en realidad la prepotencia viene del lado de estos últimos, y de las empresas. Pero Balseiro dice estar contento con esto porque los ambientalistas “aplauden a ICI y a su gente”. Hay dos opciones, o es irónico o no entiende. Como lo considero una persona inteligente, me inclino por la opción de la ironía y la burla hacia quienes piensan distinto. Pero continuemos con la entrevista:  

 ...y lo que siempre me dejó un entripado fue la clásica: “¿Y quién te pagó?” Cuando me pasaba tres o cuatro días sin comer, en plena dictadura, o una semana a polenta hervida... nadie me decía si quería un peso. O cuando para sobrevivir, en la dictadura, en un garage intentaba dar clases de física cuántica y relativista, sin olvidar la clásica, bailando entre Shroedinger, Le Broglie, Einstein, entre transistores y carritos chocadores y resortes... Yo soy dueño de mis acciones. Vine a la tierra sin un peso y desnudo... y así me voy a ir. Yo no converso lindo del socialismo, lo practico, y si no preguntale a la gente que tengo cerca. El día más feliz del mes es cuando les pago los sueldos a mis compañeros de trabajo. Capaz podría contestarle como Atahualpa: “yo tengo tantos amigos que no los puedo contar y una hermana muy hermosa que se llama libertad”. 

He aquí un pintoresco y hermoso ejemplo de cómo esquivar temas escabrosos al compás del autobombo. En ningún momento contesta la gran pregunta, o sea quién y cuánto le pagó por este costoso trabajo propagandístico. Pero luego comienza con un compendio de frases hechas, mezcladas con lo difícil que fue su vida y todo lo que sabe, sin olvidar las citas, intentando así ponerse al nivel de gente grande de verdad. Y respecto al socialismo y del “día más feliz del mes”, es una lástima que lo haya dicho, ya que se mete en un tema que no le conviene. Sería bueno preguntarle por qué en varias ocasiones no ha pagado salarios vacacionales, o ni siquiera ha otorgado en ciertas oportunidades las licencias correspondientes a sus empleados; por qué en algunos casos los hacía trabajar un promedio de 11 horas por día y no pagaba horas extra. 

Luego habla acerca de los argentinos en el clásico tono que han adquirido varias autoridades, dirigentes y comunicadores: no ya con argumentos, sino con arengas. “Nos querían dar normas de conducta y eran los peores”; “Venían cual provincia de ellos a querernos mandar”; “Los uruguayos siempre fuimos muy complacientes. Casi adoradores del ‘y bueh, que le vas a hacer’. Creo que es hora de demostrar que no, ¡y que podemos morder porque ‘nadie es de nadie’!” 

Consultado respecto a las relaciones de Uruguay con los países limítrofes afirma que “Uruguay nunca creció debido a nuestros vecinos”… “Ya no se puede seguir con aquello de ‘hoy una promesa, mañana una traición’, ni ‘amores de estudiante’.” “Cuando amenazamos a crecer – y empezamos a hacerlo en base a calidad – les produce escozor… No hay más perro que el chocolate, mal que les duela a muchos ¿Es tan difícil de entender?” 

¿La verdad? Sí, es bastante difícil. No se te entiende mucho, Jorge, sobre todo esta última frase. De todos modos, lo tendré presente la próxima vez que compre un chocolate, a ver si todavía me muerde él a mí, y encima me duele mal. 

Periodista: ¿Cómo termina este lío con Argentina?

Balseiro: “Muy simple. Como se hace con el tema ovnis y extraterrestres, con educación.” 

Haberlo sabido antes. Menos mal que hay alguien que por fin la tiene clara en este tema. Favio Zerpa, aprendé (encima que sos argentino). Haber sabido que la clave de los Archivos X era ordenarlos alfabéticamente. De última, si me abducen, yo ya me sé las tablas de memoria y además siempre digo “por favor” y “gracias”. 

Más adelante cita a Esteban Valenti: “Y las plantas se harán como que nos llamamos orientales”. Y comenta : “Porque en todo esto hay cosas que están detrás. Sigamos martillando y trabajando en silencio en pos de un triunfo que cada vez está más lejano – pero no imposible – porque lo de las plantas de celulosa, hay que tenerlo claro, es sólo un pretexto para impedirnos realizarnos como país; hay muchos dentro y fuera a quienes les molesta que se esté trabajando bien y que los números empiecen a cerrar”. 

A esta altura ya es un hecho que este hombre tiene más citas que Sánchez Padilla. En este caso la cita es para lanzar una nueva arenga, un argumento no científico, no basado en información, no fundamentado, sino pensado para emocionar y convencer: un golpe de efecto. “Sigamos trabajando en pos de un triunfo que cada vez está mas lejano”. ¿Sigamos quiénes? Más parece un candidato de segunda que un científico o un comunicador. 

Por último el periodista le pregunta si en todo este proceso pasó por tiempos difíciles.

Balseiro:  Muchos. Y duros. Como cuando los chantas de siempre, los revolucionarios de papel, te hacen decir cosas que nunca dijiste. O te atacan sin comerla ni beberla. Pobres tipos, siempre tirando piedras en la vereda de enfrente. Pero los otros (momentos) son los mejores.  Como cuando tuve que salir de la trinchera, cuando el spot televisivo, y pegué el grito (de) que precisaba un sargento primero que me apoyara. Y salieron como mil detrás de mí, y hasta perros cimarrones. Una historia que nunca podré olvidar.  

“Nunca pedí nada. Nunca lo voy a hacer. Solamente quiero que la gente se eduque, que confíe en la ciencia, en la verdad. Porque es la única forma de ser auténticamente libres, y que un sueño se convierta en realidad. El socialismo se hace en la práctica, no en el chamullo.” 

¿De qué sueño habla? ¿Del sueño de alcanzar el socialismo o del sueño de Botnia y Ence? Porque no queda claro y, en realidad, no tiene nada que ver uno con otro; es más, hasta podría decirse que son opuestos. Ser libres a través de la ciencia y la verdad suena fantástico, pero para eso primero debemos practicarlas, porque buscando información por Internet y quedándonos con el primer cuento que nos dicen, nunca vamos a ser libres.

Las citas de Yupanqui, Le Pera, Artigas y otros tantos llegan a ser patéticas por momentos. Aprovecha cada pregunta para hablar de él, para contar todo lo dura que ha sido su vida, cómo ha luchado, y para que sepamos todo lo que sabe. Querer ponerse al nivel de Yupanqui o Artigas es un desesperado pedido de admiración y reconocimiento.

Dice mucho pero evade los grandes temas. En ningún momento contesta lo que es, literalmente, la pregunta del millón: quién le pagó para hacer esto.   

Para alguien que dice ser científico, carece totalmente de objetividad. Tomar solo una versión como la verdad absoluta no es profesional ni para un científico ni para un periodista, cosa que tampoco es. Hacer un boletín informativo y decir que por eso es periodista, es como arrancarle a alguien una muela y hacerse llamar dentista. No utiliza argumentos fundamentados en la experiencia empírica ni en la información. ¿En qué se basa para afirmar que la protesta a la instalación de las plantas de celulosa “es solo un pretexto para no dejarnos realizar como país”? ¿Dónde están las pruebas? Porque si es así, tiene que saberse de inmediato. Ahora, si es solo un “para mí que esto es así”, es una verdadera falta a una de las principales reglas del periodismo, y también a la  responsabilidad que cada comunicador debe tener al informar. 

Llama también la atención, que en lugar de dar argumentos sólidos, no hace otra cosa que arengar. Por momentos parece que hablara de un partido de fútbol Uruguay – Argentina, simplificando el tema a una cuestión de nacionalidades, de camiseta, anulando toda posible discusión. Si es un tema de nacionalidades, de nosotros contra ellos, nadie se cuestiona nada, y el que lo hace es poco menos que un traidor.  

El hecho es que Jorge Balseiro se abraza a la bandera de las celulósicas y pone el pecho a las balas. A nombre de su empresa se han emitido los avisos más agresivos de toda la campaña que han realizado estas multinacionales. Se ofende cuando le preguntan quién le pagó por hacerlo, como si alguien en sus cabales fuese a gastar miles de dólares en “educar a la gente” sobre estos emprendimientos, con un fin puramente filantrópico.

Él se golpea el pecho diciendo que practica el socialismo de verdad, y mientras tanto apoya  incondicionalmente a un capital, encima extranjero y multinacional. Le hace los mandados a quienes vienen, una vez más, a regalarnos espejitos de colores a cambio de nuestra mayor riqueza. Justo él viene a hablar de los revolucionarios de papel. Y sin el mínimo respeto ni autocrítica, trata de chantas a quienes  piensan diferente. En sus spots televisivos se habla de tolerancia y respeto, algo de lo que carecen en absoluto sus declaraciones.  

 

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