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THE AWFUL TRUTH*
 Michael Moore ataca de nuevo

 Manual del perfecto idiota americano

 Por Nelson  Barceló

El polémico cineasta y escritor Michael Moore regresó a la televisión con la segunda temporada de su serie documental The Awful Truth**, montando un show con las eternas contradicciones del american way of life.  

Primero fue el documental Roger & Me donde Michael Moore asediaba a Roger Smith, presidente de la General Motors tras las nefastas consecuencias que tuvo la reestructuración de su compañía en Michigan. Las denuncias continuarían con The big one, donde señalaba la explotación de mano de obra infantil ejercida por Nike en países asiáticos. El prestigio y la popularidad lograda tras esos documentales, hicieron inminente su arribo a la pantalla chica con The Awful Truth. En la serie documental plantea temas que abordaría sin tanta comicidad mediante sus películas documentales Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, como ser las armas de fuego, la campaña presidencial de George W. Bush, y su fraternal relación con el movimiento talibán. 

Las posturas públicas asumidas por Moore le aparejaron varias dificultades: fue demandado por el Partido Republicano, su último film Fahrenheit 9/11 vio restringida su calificación para mayores, y Disney se negó a distribuir dicha película tras haberla subvencionado. En el ciclo televisivo prolonga su discurso, y se las ingenia para escenificar las graves denuncias que cargan contra políticos, empresarios, o la misma sociedad. Por tanto no debemos extrañarnos si la noticia del hombre que murió en el subterráneo sin recibir atención de ningún pasajero, da lugar a un concurso. Esa competencia implica recrear la situación por calles de Londres, Toronto y Nueva York; con un actor que simula estar muerto en la vereda. Asistiremos durante varios minutos a la indiferencia de los peatones que se limitan a esquivarlo, sin siquiera pedir atención médica o arrimarse al “muerto”. De esa forma Moore demuestra su habilidad para tratar esos temas sin solemnidades. Algo similar ocurre cuando informa sobre casos de maltrato y negligencia en geriátricos. Motivado por esa denuncia, Moore reúne grupos de ancianos que adiestrará un maestro de Kung Fu para hacer demostraciones en el centro acusado de malos tratos. Allí pregunta: “¿quién ha sentido que nadie lo escucha?”, y para asegurarse que no vuelva a suceder le entrega al anciano un altavoz para comunicarse de allí en más. Además el maestro de Kung Fu les enseña cómo revolear sus bandejas cuando intenten sacárselas antes de tiempo, y a lanzar patadas cuando son maltratados. 

Pero lo social no es temática excluyente, entonces se mete con la política mediante un informe que dice: “Al amanecer del S.XXI, EE.UU estaba en un dilema: tener sexo (foto de Clinton rodeado por chicas), y no tenerlo. Las fuerzas “anti-sexo” las comandaba el alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. Éste buscaba erradicar tiendas de sexo, el 60 % de sus productos no podía tener nada que ver con sexo”. A continuación muestra imágenes de Giuliani imitando a Tony Manero, mientras en off repasa la lujuriosa vida privada del riguroso alcalde. Luego para demostrar lo insólito de sus legislaciones abre la “Tienda de regalos y emporio de sexo del alcalde Giuliani”. Allí el 60% de los artículos celebran la gestión del alcalde, y el 40 % son mercancía de sex shop. Entre los souvenirs encontramos ceniceros, tazas, calcamonías, estimuladores de clítoris y vibradores Giuliani. Cuando llega la policía se sorprende por las connotaciones del local, pero ley en mano se ven impedidos de cerrar la tienda pues cumple con la ridícula normativa vigente. Mediante esas acciones busca la conmoción pública, el impacto social, al exponer satíricamente la actualidad con una atractiva puesta en escena que puede incluir la postulación de una planta ficus al Congreso. También se anima a parodiar los clichés del periodismo, en la sección “Probabilidades de Lenny, corredor de apuestas”, revela la alta posibilidad que en un tabloide inglés estén las palabras “traviesa” y “zorra”. Pero de inmediato remata dicha estadística, señalando que es aún mayor la probabilidad que las diga Bill Clinton durante un discurso. 

Michael Moore se declara defensor de las minorías, el pacifismo; y contrario al uso de las armas, los abusos de poder y las multinacionales que explotan a sus empleados. Busca posicionarse en la misma línea que el público, de hecho su única escenografía es la calle y las notas son presentadas junto a ocasionales peatones. Moore actúa como un agitador social y tal vez sus críticas sean tan lineales como efectistas, pero en épocas de pensamiento único y periodísticos que examinan la virilidad de los melenses, The Awful Truth es toda una novedad. Desde su apertura compuesta por imágenes de figuras como Clinton y Hussein, sentimos que se puede hacer en televisión un periodismo desacartonado, con el poder como blanco favorito, sin exhibir la inseguridad pública como eje de todos los males. Una buena nueva entre tanta ambigüedad y pragmatismo que traspasa los televisores. 

 *Publicado en Brecha.

**Sábado 21.30 hrs por Sony.

 

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