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MAX HEADROOM*
El primer héroe virtual

El opio de los medios

 Por Nelson  Barceló

Durante los 80s, la televisión fue invadida por series donde el futuro del planeta era amenazado por peligrosos alienígenas. No obstante en 1987 los productores Philip DeGuere y Peter Wagg crean una serie donde nos recuerdan que el enemigo está mucho más cerca de lo que parece, así llega Max Headroom** y su lucha contra el poder de los poderes: la televisión. 

Veinte años atrás el surgimiento del videoclip sacudió la industria discográfica, por entonces los ejecutivos del sello londinense Chrysalis se reunieron con gerentes de Channel 4 para acompañar el fenómeno mediante un presentador virtual. Así surge la estrella del videoclip Max Headroom, quien fue respaldado por un operativo de marketing que incluyó la realización del telefilme 20 minutes Into The Future. De inmediato despertó la curiosidad en una agencia publicitaria norteamericana que contrata al personaje para promocionar el nuevo sabor de una bebida cola. Finalmente los productores consideraron que el gancho de Max alcanzaría para diseñar una ambiciosa serie de catorce capítulos, y así fue.   

El conflicto original del programa comienza cuando la cadena Network XXIII crea un sistema de publicidad (blipverts), que busca impedir el zapping resumiendo la tanda de tres minutos a treinta segundos de publicidad subliminal.  El invento genera descargas eléctricas en el público y algunos espectadores estallan (literalmente), frente al televisor. Cuando un periodista de esa cadena Edison Carter (Matt Frewer) lo descubre, ejecutivos del canal le dispensan el slogan siciliano “que parezca un accidente”. Luego para encubrir el atentado y no dejar sin conductor al programa de noticias que presentaba el periodista, transfieren el cerebro de Carter a data informática, y así engendran a su alter ego virtual Max Headroom. Tras la transfusión el periodista consigue escapar y desde ese instante recorre las calles con una cámara al hombro, lista para transmitir en directo las denuncias de corrupción que recaen sobre la dictadura mediática instaurada.  Colaboran con Carter su compañera Theora (Amanda Pays), el joven adicto a las computadoras Bryce Lynch (Chris Young), y su mayor creación Max Headroom. De ese modo se construye una serie donde la estabilidad del planeta depende de un nerd, una productora, un reportero y su alter ego virtual.   

Sin querer queriendo el programa retrata un futuro mucho más cercano de lo que imaginaron sus guionistas.  La estética ciberpunk domina la serie –con reminiscencias de Mad Max y Blade Runner- para describir veinte minutos en el futuro.  Por entonces el mundo es un caos donde persiguen a los disidentes llamados blanks, unos hackers que borraron sus datos del registro de la computadora central.  Ellos poseen el conocimiento necesario para desbaratar la gran red cibernética que todo lo atrapa, y eso les transforma en peligrosos.  A su modo la serie plantea una feroz fragmentación social en un futuro desbordado por homeless, quienes al no tener crédito son secuestrados para extraerles sus órganos y vendérselos a los ricos, que viven encerrados dentro de torres gigantes. Insertos en la crisis mundial del agua algunos políticos mantienen vínculos estrechos con hombres de turbante, y se quejan ante los ejecutivos de las grandes cadenas de televisión por algún off the record.  Todo parecido con la realidad... Es que todo pasa por una pantalla y los dueños de los canales manejan el planeta a puro lobby.  La elección del presidente se realiza a través de la televisión mediante el sistema denominado “Tele-elección”, donde cada candidato es patrocinado por un canal y se declara ganador a quien haya sido apadrinado por la cadena con mayor rating. Nada escapa a la televisión y se vive en un estado de absoluta enajenación, cuando interrumpen la señal de Network XXIII, la gente se desespera y azota las calles buscando películas pirateadas: “sin tevé no hay nada para ellos”, asegura el gerente de programación.  Allí cientos de canales transmiten continuamente pues los anunciantes tienen el poder absoluto, el actual minuto a minuto utilizado para medir audiencia es sustituido apenas por el segundo a segundo. Pueden levantar los programas en cualquier momento, sin mediar aviso alguno. Incluso los gerentes de programación emiten películas cuando se cae el sistema, o se quedan sin ideas.  Y continúan las semejanzas... Tantos recuerdos del futuro tuvieron eco en numerosas publicaciones que abordan el fenómeno generado a raíz de la serie, y reflexionaron sobre el poder del medio como constructor de realidad, no estuvo ajeno a ello la portada de Newsweek. 

Max Headroom, al igual que otras series como Batman (con el gordo West), y Perdidos en el espacio también tienen su atractivo desde lo naif.  Ver cómo los productores de la serie imaginan veinte minutos en el futuro por momentos atesora cierta comicidad.  Por ejemplo cuando plantean que en el futuro la Justicia se limitará a una computadora donde procesan los datos del acusado, y la máquina da el veredicto cual juez virtual.  A su vez el prontuario es transmitido mediante disquetes, reflejando las condiciones tecnológicas que padecían en 1987.  Eso lleva a que Max Headroom no sea diseñado por computadora, sino que el mismo Matt Frewer graba las escenas con una careta de látex y en edición sumen algunos efectos de vídeo.  

Más allá de las limitaciones técnicas, la serie parte de un argumento audaz y trasgresor donde narra lo corrupto de una gran cadena de tevé y su rol como poder de los poderes.  Simultáneamente plantea con singular habilidad la lucha de clases, el control policial y la crisis mundial del agua. De ese modo escenifica en 1987 un futuro que prácticamente diez años después nos deja con sabor a deja vu.  

 *Publicado en Brecha.

**Max Headroom, viernes 11 hrs por Canal Retro

 

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