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LA TELEVISIÓN PLANCHA*

El Dr. Jeckyll se ríe de Frankestein

 

 Por Nelson  Barceló

   

Las giras de prensa diseñadas por managers y productores de espectáculos para promocionar artistas, encuentran un sector periodístico ávido de material que llene sus páginas o espacios televisivos. A tal punto se aceitó esa maquinaria que ahora excede a los artistas extranjeros para dar cabida a figuras de distinto tenor, preferentemente portadores de novedades o dueños de singularidades. De esa forma se suceden frente a cámaras invitados como el “Ronco” López, Mario Bardanca y José Valdez (líder del Movimiento Plancha). Éste último a diferencia de los otros fue recibido con desprecio por sus interlocutores, y el destrato se trasladó a la edición de sus notas donde evidenciaban las incoherencias que proponía como plataforma política. Recordemos que Valdez no es la única figura política de la cual podrían compilarse contradicciones, ideas disparatadas o una endeble formación cultural. Si bien la ferocidad que caracteriza a los medios –especialmente la televisión “de golpe y porrazo”- indica que cuando alguien pone la cara para el cachetazo, seguramente se lo den; no deja de sorprender la recepción mediática a Valdez. Varios comunicadores apelaron al más sucio cinismo lanzando trampas verbales para que su interlocutor se reconozca delincuente. Se los veía enfervorizados frente a una persona permeable y con limitaciones discusivas. Más allá del individuo en sí, se pretendía descalificar y entretener al público ensañándose con un supuesto Movimiento Plancha, configurando una aproximación humorística de la miseria.

 

Por fuera de las múltiples entrevistas realizadas a Valdez, los noticieros centrales focalizaron sobre las andanzas planchas y los programas de actualidad dispensaron buena parte de su tiempo a comentarios superficiales sobre dicha tribu urbana. Los comentarios frívolos y simplificadores atestaron estos envíos, al punto que una modelo dijo durante un talk show “Me gusta la espontaneidad del plancha”, como si la ausencia de formación mínima que les condena a cierta elementalidad fuese una virtud. Así se habla de los plachas como si fuesen un grupo de chimpancés que en el hacer gracias radica su mayor virtud, mientras los comunicadores fingen una apertura mental y plagan su discurso con la palabra integración como coartada. Sin embargo esos shows donde exhiben a Valdez no estimulan la integración de los marginales, ni sirven para difundir su plataforma. Por el contrario, estos envíos apuntan a confirmar y reforzar los prejuicios que la sociedad tiene sobre los planchas para entretener al público. A tales efectos, los medios realizan una operación estética que pretende enmascarar la miseria con el humor involuntario inherente a Valdez, revelando un discurso discriminador. Tan torpe en los hechos como las coberturas turísticas de Rafael Villanueva donde se burla de quienes no hablan castellano, mientras demuestra su sed irrefrenable por alcanzar “un saludito para Uruguay”.

 

Si existe alguna clase de justicia, uno supone que aquellos comunicadores tan ajenos a las desdichas de terceros, cambiarán su sonrisa socarrona por un rictus serio cuando la marginalidad rodee su manzana. Ignorándolo se mantienen sobre un púlpito sin advertir que no son más que un reflejo fiel de esa miseria que suponen tan lejana y parodiable. En simultáneo los periodistas y animadores estrella relegan el origen real de la marginación social como objeto de análisis, y redondean su pusilánime actitud no enfrentando –ni siquiera satirizando- con igual vehemencia a quienes mediante sus políticas socioeconómicas generaron un modelo de exclusión social tan maquiavélico.

 

 *Nota publicada en Brecha.  

   

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