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BLADE, LA SERIE*

 

 

Acción mutante

 

 Por Nelson Barceló

   Por Fe

 

Un triángulo amoroso que ostenta la industria del entretenimiento es sin dudas aquel conformado por el comic con el cine y la televisión. A primera vista parece un negocio atractivo pues tal unión asegura un público determinado e intercambiable, pero muchas veces tales adaptaciones son desafortunadas ya que descuidan aspectos artísticos. Si bien puede notarse ese accionar descarado por parte de la industria, vale remarcar que desde siempre sucedió así, recordemos las múltiples secuelas televisivas de Superman o Spiderman. Ni que hablar de la destacada serie Batman protagonizada por Adam West, que tenía por valor superlativo el retrato de la psicodelia en los ‘60s, el humor camp y una relación directa con el comic.

 

Varias décadas después, otro personaje -pero nacido en las entrañas de la factoría Marvel en los ‘70s- llega a la televisión: Blade**. El protagonista de la serie (Kirk Jones) es una mezcla de hombre con murciélago, y su misión es evitar que los seres humanos sean cooptados por una organización vampírica denominada “Casa de Chthon”, que pretende decidir los destinos del planeta. Para ello Blade apela a los supuestos poderes que hereda de los vampiros, y a diferencia de éstos, puede actuar durante el día. Repasar la trama de esta serie lleva a reflexionar sobre el singular pacto que uno puede establecer con la ficción, y en este caso se torna más ostensible dadas las peculiaridades de una historia donde son frecuentes las peleas entre vampiros por las calles de Detroit. Colabora con ello la violencia explícita y una tensión que se palpa en cada escena, la cual puede impactar al público más impresionable. Incluso cuando la acción se traslada al pasado, como lo es mediante distintos flashbacks que remiten a la infancia de Blade, donde siendo un niño llamado Eric descubre su sed por la sangre. Así nos enteramos que Blade es hijo de una mujer a la cual mordió un vampiro, y su primera exhibición del poderío sobrenatural que ostentaba fue durante un asalto a un comerciante. Por fuera de los delincuentes, el archienemigo de Blade es Marcus Van Sciver (Neil Jackson), quien realiza experimentos con seres humanos y vampiros en su búsqueda por crear la vacuna aurora que como a todo villano le permitirá controlar el mundo.

 

Claro que los problemas para el protagonista de la serie no acaban allí,  pues debe lidiar con el deseo incontrolable de tomar sangre. Allí aparecen las habituales complejidades psicológicas que caracterizan a los personajes de Marvel -y rasgo distintivo frente a DC Comics, su rival de siempre. Hasta la llegada de Stan Lee, el padre de las criaturas Marvel, todos los superhéroes eran dueños de cualidades y atributos fantásticos pero carecían de cuestionamientos existenciales. Lee mantuvo los superpoderes y a ellos les sumó una problemática que caracteriza a cualquier ser humano; además trasladó la acción a sitios reales como Manhattan y no lugares imaginarios al estilo “Ciudad Gótica”. Así revitalizó lal género, no solo por sus contenidos sino que hizo crecer a la industria editorial al punto de lograr que Marvel se transforme en la principal productora de historietas en Norteamérica. De hecho la creación de Blade se relaciona al boom de ésta editorial que posibilitó el rodaje de varios filmes de acción -de bajo presupuesto- protagonizados por sus criaturas fantásticas interpretadas por actores negros.

 

Si está o no a la altura de la trilogía cinematográfica propuesta por Wesley Snipes puede ser eje de otro debate, lo seguro es que cualquier andanza de los personajes de Marvel merece atención. Además, el sello del comic se palpa en algunos diálogos de la serie con frases del estilo “aprende a pensar como tu oponente o siempre perderás”, que linkea a Spiderman cuando decía “todo gran poder exige una gran responsabilidad”. Tales lazos también se revelan en esos villanos que muchas veces nos atraen más que los héroes, pues a estos se los nota muy preocupados y mascullando sus pesares.

 

*Nota publicada en Brecha 

 **Martes 23 hs. por Saeta.

   

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