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Diciembre 2007

QUÉ LÁSTIMA PERO ADIÓS 

Por Lorena Bello 

 

DELTOYA

2003 - Diciembre - 2007 

(Q.E.P.D.)

DELTOYA llega a su fin, cerrando con la edición Nº 13 una historia de cuatro años. 

El abordaje de temas culturales poco difundidos y el análisis de los medios como tales fueron nuestra motivación para crear y creer en el proyecto de esta revista virtual. Sin querer DELTOYA se convirtió en el primer medio sobre medios, algo que no existía en Uruguay, y que los realizadores ya habíamos plasmado tiempo atrás a nivel radial. Hacerlo por escrito permitió que lo dicho perdurara y circulara, y las repercusiones –a favor y en contra- no tardaron en llegar. Afortunadamente hoy existen muchos espacios en la web y también en tevé y radio que enfocan su mirada sobre los medios. Ahora el tema resulta cotidiano, pero cuando DELTOYA nació claro que no lo era.   

Nos queda la satisfacción de haber dado un pequeño primer paso para que las cosas que suceden en los medios y por ello forman parte de nuestra vida diaria –nos gusten o no- ameriten ser pensadas, analizadas, cuestionadas, comparadas, así como celebradas y difundidas. Lo que nos muestra la pantalla de TV es un hecho en sí mismo, y su carácter público lo vuelve permeable de juicio. Una conducta que en este país se esquivó durante muchos años, amparados en lógicas absurdas como ‘es un medio muy chico’ o ‘acá nos conocemos todos’. Lo cual es cierto, y precisamente por eso debemos hacer una autocrítica y preguntarnos qué es lo que estamos dando desde los medios, qué es lo que estamos consumiendo como espectadores, y tener la capacidad de descifrar el mensaje que muchas veces se disfraza de otra cosa.  El verdadero mensaje de un medio no es lo que éste emite, sino lo que el receptor entiende, y para que éste pueda comprender ese mensaje es necesario que los medios puedan y sepan cuestionarse a sí mismos.  

DELTOYA es un proyecto que concluye, por decisión conjunta de quienes la llevamos adelante, un reducido grupo de seres con intereses en común. Apenas finaliza una etapa, para dar paso a otros nuevos proyectos. Además, lo bueno de la web es que permite dejar aquí colgadas nuestras últimas ediciones, por lo tanto para quien quiera saber de qué se trató nunca será muy tarde, ya que los contenidos permanecerán accesibles por un buen tiempo.  

El ‘elenco estable’ de DELTOYA fue siempre muy reducido, por eso saludamos a las personas que han sido parte del equipo de esta revista, para agradecerles infinitamente por su tiempo, ideas y trabajo brindado. Y para estar a la altura de las circunstancias, invitamos a desfilar a estos personajes, que hoy se despiden moviendo sus cabezas por última vez para dejar caer los contenidos del Nº 13. Qué noche, Barceló.

El director Nelson Barceló fue el creador de la idea y quien esto escribe la encargada de ponerla en funcionamiento, a fuerza de prueba y error. Pero fue Nelson quien, ávido de hablar de televisión –es un tevemaníaco compulsivo sin remedio- le dio formato periodístico a lo que de por sí solía escribir para entretener a sus amigos. Había allí un enorme potencial en bruto que supo explotar de una manera tal que se ganó amigos y nuevos trabajos por ello, se hizo fama y lejos de echarse a dormir, conectó la video a la tv cable para no perderse nunca más nada.  Como buen director fue quien ideó la temática de cada número, y quien más motivó al equipo para que las notas y el diseño salieran en tiempo y forma –aunque en general lo decepcionamos. Nelson sigue escribiendo sobre medios y sobre lo que le place en otros lados, y la suya es una de las firmas de esta revista que podrán seguir leyendo después de hoy.

Eduardo Acosta merece un eterno homenaje. El editor de medios de DELTOYA fue desde el comienzo un tipo polémico, sus notas causaban tal revuelo que llegaron a amenazarlo varias veces, incluso una periodista por él criticada hubiera dado lo que fuera por su cabeza. En soledad, Edu –como a él le gusta que lo llamen- redactaba las más despiadadas críticas de televisión que alguien haya escrito, y no conforme con ello, fue por más: abrió el blog TURBONADA, que se transformó en un espacio por demás popular en la blogósfera, sobre todo cuando se puso a hablar de música. Hordas de fans de grupetes populares llegaron hasta allí simplemente para putearlo, pero Edu supo despacharlos uno a uno con singular habilidad, y de esa forma se transformó en una figura de culto.  Eduardo Acosta fue un hallazgo de DELTOYA, y nos enorgullece que se haya hecho camino al andar.

Esteban Selios fue siempre nuestro ilustrador estrella, simplemente porque era el único que teníamos. Lo curioso de sus dibujos es que estaban hechos en Power Point, ese programa que todos creemos que sólo sirve para hacer presentaciones, pero al que Esteban, a falta de Photoshop en su Mercedes natal, le sacó un jugo asombroso. Es lo que tiene el ingenio, he aquí la demostración de que con pocos recursos vaya  si se pueden lograr cosas buenas. Esteban también escribía la columna “Calling Lennon”, cuyo nombre fue explicado en el primer número, y se vinculaba a una experiencia lisérgica en la que tuvo una extensa charla con un póster de Lennon que colgaba de una pared. Dudamos que pueda sentar cabeza este muchacho, pero le agradecemos infinitamente todo lo que hizo para esta revista. Con el Power Point en otra época hubiera sido un consagrado artista pop, y si bien lo felicitamos por su destreza, ya le mandamos un CD con el paquete Adobe.

Javier Tuana fue nuestro fotógrafo. El hombre de Las Piedras acudió siempre a fotografiar las caras de cuanto entrevistado pasó por la revista. En estos años se transformó en fotógrafo profesional, diseñador y vive feliz con estas actividades. Era un tipo tranquilo, sereno, contrastaba con la locura de los demás integrantes de la revista, hasta que un buen día fue el mentor de una huída sin pagar en un bar de Atlántida a la voz de “hey, ho, let’s go”. Desde entonces nadie lo invita a despedidas, pero nosotros le abrimos gustosos la puerta de nuestra amistad. Gracias Javier por la paciencia y buena disposición de siempre. Sigue sonando ese grito de guerra, pero ahora pagamos antes.

Damián Pérez. Demian para los amigos, un fiel compañero de cada ruta transitada por este equipo en la última década. Colaborador incansable, Damián supo asistir a todos los eventos que le permitía su juventud, narrando así el mundo del rocanrol a los avejentados y poco salidores miembros del staff.  Sus aventuras eran descriptas por él en sus notas con ejemplar desinhibición, sin omitir detalles de todo lo que le había salido mal, con lo cual nos dimos cuenta que los incidentes extraños y problemáticos siempre adornaron su existencia. Las tragedias de su vida eran las mejores anécdotas que recibía esta redacción. Demian fue siempre nuestro mejor discípulo, aunque no podemos evitar preguntarnos qué hicimos mal para que se descarriara la ovejita.  Queremos tanto a Demian.

Carolina Bello, conocida como “la hermi”, fue la periodista todo terreno, es decir, tanto habló de letras, como de cine, discos, música, teatro y hasta inauguramos para ella la sección sobre Publicidad. Casi no le quedó área por abordar en la revista, y eso se debe a su inquieta manera de ver la vida, siempre sedienta de nuevas inquietudes estéticas.  Caro es la más pequeña de todo el grupo, y sus escritos gozan de una sensibilidad literaria que aún no comprendemos de dónde le viene, porque de nosotros seguro no lo aprendió. 

Felipe Dupont peleó con uñas y dientes por obtener un mayor espacio dentro de la revista, pero empleó para ello mecanismos poco ortodoxos, razón por la cual aparecía poco en estas páginas. Sin embargo, fue el más fiel colaborador, incansable y testarudo opinólogo, inagotable narrador polirubro. Un hombre serio, callado y tan ilustrado como valiente a la hora de reclamarle dinero a una publicación sin fines de lucro. Dupont merece un mundo mejor, el cierre de DELTOYA posiblemente lo incitará a deambular por nuevos y saboteados mundos.

Daniel Figares nos halagó con sus columnas desde la sección "Hacen que dicen, dicen que hacen", todo un lujo para esta revista contar con el pensamiento de uno de los comunicadores con los que nos formamos periodísticamente. Contarlo en el equipo fue un placer compartido.

Por último desfilan los colaboradores que han contribuido al enriquecimiento y amplitud de cada número con sus escritos: la crítica de cultura Noemí Mezzone (a quien siempre recordaremos por el ‘Garo-gate’), el arrabalero que de haber nacido más tarde hubiera sido rockero Edmundo Constanzo, el insolente Martín V. Canova que algunas veces vomitó palabras y las barrió debajo de la alfombra. El soporte técnico de la web lo montó y monitoreó siempre de cerca el fanático de la música celta Marcelo Andino. El logo de DELTOYA lo diseñó desinteresadamente el entonces docente de diseño Juan Branda solo porque tuvo ganas de ser parte de esto a su modo. Y posiblemente hayan contribuido con contenidos muchas personas más, que se olvidan después de cuatro años, pero cuyos aportes jamás irán a la papelera de reciclaje de nuestra pc.

Está bueno haber empezado algo con tantas ganas y terminarlo aún queriéndolo mucho. DELTOYA nos cambió la vida a todos por lo que representó como desafío y estímulo constante para quienes participamos de ella.  Gracias a todos los que llegaron hasta aquí. Termina otra aventura, pero aún no está dicha la última palabra.

 

P.D.: La ilustración de tapa de este último número es un modesto homenaje al director Raúl Perrone (a quien tuvimos el placer de realizarle una entrevista que pueden leer en esta edición), pero fundamentalmente a esos personajes desangelados de sus películas, como Gus y Pao, que nos identificarán por siempre.

 

 

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